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Confianza: la próxima frontera.

Hoy nos toca explicar un cuento: pero como la realidad es tozuda, pues...
Primer escenario: Un ciudadano acude a su revisión médica de empresa. En el transcurso de dicho reconocimiento se le practican extracciones de sangre, se recogen muestras de orina, una exploración por aparatos, tensión arterial, y en función de su puesto de trabajo, ECG y audiometría. Al cabo de unos días recibe el informe, ya sea por correo postal o descargándolo de un portal, con los resultados de las pruebas y el informe del médico.

En un gran número de casos, los resultados son normales y por tanto el ciudadano no tiene que hacer nada. Pero en otros casos, hay algún resultado que no es normal y se aconseja la visita bien al médico de familia, bien a un médico especialista.

Así que nuestro ciudadano, ya convertido en paciente, acude a la consulta del médico; supongamos que es el de familia. El médico leerá el informe, valorará los resultados de las pruebas, y las volverá a indicar para repetirlas.

Segundo escenario: un paciente que acude al médico de familia con una determinada sintomatología, el profesional indica unas pruebas diagnósticas y tras valorarlas, ordena una derivación a un especialista. Cuando acude el paciente a consulta con el especialista, tras valorar las pruebas ordenadas por el médico de familia, ordena repetir las pruebas de nuevo.

Tercer escenario: un paciente que está acudiendo a la consulta de un médico privado y ordena que se le practique una prueba. El resultado de dicha prueba aconseja practicar un determinado procedimiento, procedimiento que por la razón que fuere, no está incluido dentro de las prestaciones de su póliza. Así que este paciente acude a la medicina pública con los resultados de las pruebas, incluidos los resultados de diagnóstico por la imagen, donde se le ordenarán de nuevo la realización de las mismas pruebas que indicó el profesional de la privada.

¿De verdad tiene que ser así?

Varias consideraciones: puede que no sea posible capturar los resultados de los escenarios 1 y 3 en el sistema de información del médico del centro público. Puede que la demora -por lista de espera- sea superior al tiempo de validez del resultado de una prueba dada. Puede que en función de la patología, la guía de práctica clínica indique la repetición de las mismas.

Por tanto sólo nos queda una posible salida. No existe un nivel de confianza adecuado entre profesionales. No importa si es entre un centro privado y uno público. No importa si es entre el médico de la mutua patronal y el médico de familia. No importa si es dentro de la misma área sanitaria, entre diferentes niveles asistenciales.

No existe esa confianza. Y a menudo, implica la repetición de pruebas que objetivamente no debieran realizarse, con la consiguiente confusión del paciente, que a regañadientes, se somete de nuevo a ellas.

¿Podemos echarle la culpa a los sistemas de información? Ya saben, el personal de IT lleva tatuado en la frente el estigma de Caín, y por defecto, por donde pasamos, no vuelve a crecer la hierba.

Pues aunque indudablemente, en algunos casos, cabe que haya una parte de razón, no siempre es así.

Existen sistemas que permiten que en comunidades donde hay una integración en la provisión pública de salud que permiten la interacción / integración entre diferentes niveles asistenciales. Pero en estos sistemas no consta la actividad de la provisión privada de salud. ¿Es un problema de sistema de información? Hasta cierto punto. Sistemas de información obsoletos en la parte privada y criterios políticos son culpables a partes iguales de la situación.

Hay otras situaciones que rayan lo absurdo. Me explicaban hace unas pocas semanas el caso de un endoscopista, con plaza en la pública y actividad en la privada, que, con una diferencia de pocos días practicó exactamente la misma exploración al mismo paciente –una colonoscopia- primero en el centro privado y luego en el público.

Independientemente del conflicto ético de la repetición de la prueba, considerada de riesgo, que con tan poco margen de tiempo arrojó exactamente los mismos resultados, cabe suponer que quién indicó la prueba tuvo acceso a los resultados de la primera exploración, con lo cual podría haberse evitado la segunda exploración.

¿Confiaba menos en el resultado de la privada el médico que ordena la prueba, siendo quien firmaba exactamente el mismo endoscopista que tenía en su hospital?

¿Los medios técnicos de los que dispone nuestro endoscopista en el centro privado son inferiores a los del centro público?

Como ven, no es tanto un problema de sistemas de información como un problema organizativo. Y a menudo, ni eso.

Es un problema de confianza.

Big Data y Machine Learning: salvando vidas

Cuando leo últimamente sobre Big Data, al igual que me pasa cuando leo sobre Blockchain, pienso que es un tema del cual todo el mundo ha oído hablar, tiene opinión, hay mucho mito, y al final, como en el caso de los Reyes Magos, "el Big Data son los padres".  Así pues, podemos encontrar sin demasiada dificultad artículos y posts en los que se ensalzan las bondades de esta tecnología en diferentes campos, incluida la salud. 

Por otro lado si hablamos de Big Data y salud, la primera cuestión que nos asalta (conceptos explorados por cierto en algunos posts en este mismo blog) es cómo agregar los datos que proceden de wearables para construir el repositorio de Big Data. 

La realidad, que es mucho más tozuda de lo que queremos admitir, ya nos indica que tenemos unos estupendos repositorios en los que desde hace décadas venimos alimentando con multitud de datos de salud y estilo de vida. 

Me refiero a los ubicuos -y a menudo denostados- sistemas de información sanitarios, la Historia Clínica Electrónica (HCE). Cumplen todos los requisitos de Big Data y las 4 Vs, y en función del grado de detalle de datos como los resultados de análisis clínicos (aún hoy día, algunas integraciones con HIS se limitan a capturar los resultados como documentos PDF, mientras que otras -las mejores- tienen la integración a nivel de dato) podremos extraer información más significativa o no. Además, en especialidades como Atención Primaria, es común que en el proceso de historiado se realice un inventario de hábitos y estilo de vida, lo cual enriquece aún más el repositorio.

Y es para nota si además estamos en un contexto en que existe un nexo de unión entre los diferentes niveles asistenciales para disponer de una visión única de la HC del paciente. A menudo se olvida que el paciente no aparece por un hospital porque sí, si no que habitualmente viene derivado de Urgencias o de Atención Primaria.

Bien, tenemos un océano de datos y es relativamente fácil ahogarnos en él

Puede que nos venza la emoción y que, al no saber qué buscar, lancemos un algoritmo de data mining para que nos descubra pautas sobre las que podamos trabajar posteriormente, o bien, si tenemos una idea clara de lo que queremos buscar, lanzar algoritmos de machine learning.

Definiendo un número finito de variables de búsqueda dentro de un universo dado, y previa disociación (anonimización) de los mismos para cumplir la normativa de protección de datos, ya podemos empezar a usar nuestro Big Data.

Hasta ahora, he hecho un ejercicio más o menos teórico del qué y del cómo. Tal vez sea conveniente hablar ya de realidades.

El 13 de septiembre de 2016 fui invitado por IBM Research Zurich a un evento llamado "Think Discovery for Life Sciences and Healthcare - Transforming through Data", un evento muy exclusivo en el que se hablaron de aplicaciones reales del uso de IBM Watson en el sector salud, y en el que se habló, entre otras cosas, de modelar conocimiento... ¿os suena?

Bien, una de las ponentes era la profesora Varda Shalev, MD MPH, CEO del Instituto de Investigación e Innovación Maccabitech, vinculado al HMO Maccabi, de Israel. Además de ello, es médico de familia en activo. Debo deciros que las ponencias fueron de gran nivel, pero la de la profesora Shalev -The community care of the future- me impactó de un modo que no os podéis imaginar.
Sketchnote de la charla "The community care of the future", por Varda Shalev / Maccabitech
IBM Research / www.seeheardraw.com
Entre otras cosas, nos explicó el problema que tenían para detectar el cáncer colorrectal de intervalo, es decir, el que aparecía entre dos colonoscopias separadas entre sí por un intervalo de años. Y nos contó que extrajeron un universo de 606.000 pacientes, definiendo 20 variables concretas, basándose en la evidencia de que forzosamente tenía que haber en pacientes con pólipos una caída en la cuenta del hemograma, y aplicaron un algoritmo de machine learning.

¿El resultado? Espectacular, lo podéis leer en este paper. Crearon un algoritmo de detección de riesgo (predicción de que un paciente dado pueda desarrollar un cáncer colorrectal en los próximos dos años) en base a los resultados de un hemograma; a los pacientes a los que les aparece una alerta se les realiza una colonoscopia: en el 80% de los casos aparecen pólipos, con un 0,5% de falsos positivos. El resultado en salud es que en Israel la mortalidad debida a cáncer colorrectal ha ido cayendo en los últimos años

Esto demuestra más allá de cualquier duda que el uso de los datos almacenados dentro de una HCE, tratados como Big Data y usando algoritmos data mining / machine learning pueden salvar vidas.

Referencias

¿Big Data o un lío de datos?


Entrada publicada originalmente en inglés en el blog de HIMSS Europe como "Big mess or big data?" el 08/11/2016. Publicado con permiso de HIMSS Europe.

¿Hay alguien que no haya oído hablar sobre big data? Porque, por lo que parece, cada vez es una parte más importante de cualquier aspecto de nuestras vidas, incluyendo el sector salud, por supuesto.

Pero, ¿el sector salud está preparado para utilizar big data? Hay algunos detalles sobre los cuales tendremos que meditar. En primer lugar, deberíamos saber que estamos tratando información de pacientes cuyos datos proceden de orígenes muy variados. Por poner un ejemplo, se considera que los datos que alimentan un repositorio big data son un 20% estructurados y un 80% no estructurados, lo que significa que nos encontramos con una dificultad añadida para gestionarlos.

Así pues, vamos a hablar sobre las cuatro "V" que definen big data:
  • Volumen, porque estamos tratando cantidades enormes de datos
  • Velocidad, porque estamos tratando datos que se generan muy rápidamente
  • Variedad, porque estamos tratando una gran variedad de datos
  • Veracidad, porque necesitamos un nivel adecuado de confianza sobre los datos

¿Qué pasa con la calidad? Cuando estamos tomando decisiones basadas en tecnología big data, debemos asegurar la calidad de los datos almacenados. ¿Cómo podemos asegurar la calidad de los datos? ¿Podemos imaginar controlar la calidad en el momento de la adquisición de estos datos?

Pensemos sobre los datos generados por wearables. ¿Podríamos asegurar que proceden de una fuente fiable? O puede que la metadata no estructurada que a menudo se registra adicionalmente resultaría ser más un lío de datos que big data.

Almacenamos una cantidad de información enorme. ¿Tenemos alguna idea de qué datos son los relevantes? ¿Tal vez podríamos utilizar algoritmos de data mining para descubrir pautas que podamos usar y re-usar posteriormente?

En España decimos “Los árboles no nos dejan ver el bosque”, que podríamos adaptar fácilmente a "Los datos no nos dejan ver el conocimiento". Porque necesitamos conocimiento, no datos brutos, para poder tomar decisiones. Necesitamos un nivel superior, más allá del concepto big data, para mejorar la integridad y calidad de los datos.

Tengo suficientes razones para decir que "Big data, y quiero resaltar, el big data como lo conocemos hoy, está poco y mal utilizado. Punto".

Datos VS Conocimiento. Bienvenidos al mundo de las ontologías. 

En el siglo XXI no deberíamos hablar de datos, deberíamos hablar de conocimiento. Deberíamos modelar los datos de modo que pudiéramos representar el conocimiento. ¿Cómo lo podríamos hacer?

Os voy a introducir en el concepto ontología. Las  ontologías son un método semántico para modelar dominios de conocimiento, estableciendo relaciones entre las diferentes entidades así como estableciendo taxonomías. Las ontologías son la base de cognitive computing, más allá de los conceptos HADOOP o big data. Los datos están estructurados en una red n-dimensional donde cada elemento del dato está vinculado a n-atributos diferentes y sus clases. Además, las ontologías permiten gestionar de manera eficiente el aseguramiento de la integridad entre diferentes declaraciones de datos, ya que se pueden aplicar diferentes reglas de integridad.

Cuando hablamos sobre reglas, podemos usar ejemplos simples tales como "esta persona es una mujer, no es un hombre"; de este modo podríamos evitar registros de historia clínica tales como "paciente hombre de 80 años, con 9 embarazos y seis nacidos vivos" (extraido de una historia clínica real).

Otro ejemplo de declaración puede ser "una botella de Chardonnay blanco de Australia va bien con el pescado".

Esta declaración revela algunos atributos de los datos:
  • Hecho de uva (Chardonnay)
  • Tiene un país de origen (Australia)
  • Tiene un color (blanco)
  • Tiene un contenedor (botella)
  • Tiene un gusto (moderado)
Del vino probablemente podemos tener aún más información (por ejemplo, marca, azúcar y así sucesivamente) y lo podemos vincular con otras clases como pudiera ser comida. Como podemos ver, las ontologías pueden definir todos los atributos dentro de un dominio de conocimiento específico.

Ontologías y Sanidad

¿Por qué no hablamos de ontologías en sanidad y patologías? Consideremos la neumonía, por ejemplo. La ontología se podría representar (epidemiología, tratamiento, síntomas, y más), así:

Fuente: Florida Institute for Human & Machine cognition (IHMC)
Pero, ¿qué pasaría si representamos esta patología en un paciente?

Uno de los mejores ejemplos de cómo representar una patología en un paciente concreto utilizando ontologías lo podemos encontrar en “Infectious News”. El día 13 de septiembre de 2016, la Dra. Meghan May escribió sobre los problemas de salud que afectaron a Hillary Clinton el 11 de septiembre de 2016. La Dra. May supuso que Clinton tenía neumonía. Desarrolló una entrada de historia clínica (supuesta) de Clinton (que podéis leer en el link anterior) y la modeló como una ontología.

Fuente: Infection News. Dr. Meghan May "After Careful Review, I suspect Hillary Clinton actually has... Pneumonia" 13/09/2016


Conclusión

Como se pueden ver en los ejemplos anteriores, las ontologías son un método perfecto para trabajar con conocimiento. Recordad: si queréis cumplir con normas como EN/ISO13606, o queréis trabajar con sistemas cognitive computing como IBM Watson, no tenéis otra elección que usar datos estructurados y modelados como conocimiento.

Debéis trabajar con ontologías. Un método sencillo para organizar y asegurar la calidad de los datos recogidos.

Este es el futuro.

La pregunta es: ¿estamos preparados para trabajar con el increíble potencial que nos ofrecen las ontologías en el sector salud?

Quiero agradecer la ayuda y contribución inestimable a la redacción de este post de mi colega Inma Roig

Dolor y tecnología

Fotograma de la película "Up", de Pixar.
El día 12 de octubre contactó conmigo la Dra. Olga Araújo para informarme de que el lunes 17 de octubre habría una iniciativa para visibilizar el "Día mundial sin dolor". Le dije que apoyaría la iniciativa, con lo que es fácil que en el día de hoy observéis que hay mucha actividad en Twitter con respecto a los hashtags #diamundialdolor y/o #releasethepain.

Ahora bien, desde hace años estoy preocupado por el dolor crónico, tal vez por que lo vivo muy de cerca, así que en mi Evernote -que es donde compilo el material que puede ser de mi interés para escribir posts, con más de 800 temas diferentes- el dolor es el tema del que probablemente he recopilado más información.

Cuando pienso en dolor, lo hago desde dos vertientes: la medida del dolor -a día de hoy no existe ningún instrumento para medir objetivamente el dolor; tan sólo existen diferentes escalas de valoración como instrumento de medida- y el control del dolor mediante el uso de tecnología.

Me voy a ceñir a la segunda vertiente, el control del dolor mediante el uso de tecnología. Y ahora mismo, la tecnología de elección para dicho menester es la realidad virtual.

El profesor Mel Slater, un investigador ICREA adscrito a la Universidad de Barcelona, es probablemente una de las personas con más conocimiento sobre entornos de realidad virtual y neurociencia. En uno de sus últimos post,"What happens in your brain when your virtual body is threatened?", experimenta con una serie de voluntarios -monitorizados por EEG- en un entorno de realidad inmersiva en el que ven una representación virtual de sus cuerpos; sus cuerpos virtuales se ven amenazados y/o heridos por un cuchillo. Los resultados son sorprendentes. Si el cerebro de un voluntario es capaz de anticipar el dolor en esta situación, ¿qué pasaría justo al revés?

Nota: No os perdáis las publicaciones del profesor Slater.


En fecha tan lejana como 2004 ya aparecen papers como éste sobre modulación de dolor pediátrico usando técnicas de realidad virtual. De hecho, una búsqueda en Google Scholar con las palabras clave "chronic pain control virtual reality" devolvía el 16 de octubre a las 14:00H CET más de 45.000 resultados.

También aparecen en los medios noticias como ésta, en la que el uso de videojuegos de realidad virtual disminuye el dolor en pacientes con quemaduras graves.

No me voy a extender en los pros y contras del uso de realidad virtual para el control del dolor -aparentemente los pros superan a los contras- pero sí, para quien quiera bucear más en esta aplicación de la tecnología, os dejaré un poco de bibliografía.

Have fun!

Bibliografía

Conferencia inaugural del Congreso Europeo de Salud Digital

Y por fin llegó el momento... Ya expliqué cuáles fueron las circunstancias y las sensaciones que experimenté tanto en la preparación de la conferencia, como en el desarrollo de la misma.

Además del equipo que me ayudó en la preparación de la misma (Francisco Araújo, Inma Roig, Dr. Damián Gallegos y la Dra. Eugènia Miranda), tuve la inestimable ayuda del equipo de técnicos del Palacio Miramar, así como de Marisa Merino y de Mónica López.

Como spoiler, decir que en el transcurso de la conferencia mencioné a: Dra. María José Mas, Dra. Lucía Galán, Dra. Amalia Arce y Dr. Salvador Casado. Cada uno de ellos merece mi reconocimiento por su gran labor divulgativa.

Y utilicé en la parte final de la conferencia una historia de Rosa Pérez.

A continuación, el maravilloso sketchnote que preparó Mónica López, @Mo1ni1ca1.


La presentación que acompañó a la conferencia.

No lo demoro más. Con todos vosotros el vídeo, 50 minutos de acción, al más puro estilo de "Perdidos en Pandora".

¡Disfrutad!


Tribulaciones de una niña con mochila

Una de las cosas buenas que tiene Internet es que puedes conocer a grandes personas. Una de ellas es mi buena amiga Blanca Usoz. Médico y bilbaína (ponedlo en el orden que queráis), es una persona inteligente, inquieta y que no teme preguntar. Tras este preámbulo, tal vez sea innecesario añadir que la aprecio mucho.

Blanca tiene una lucha desde hace años con respecto a las mochilas escolares, algo que podéis comprobar en su blog. Así que me enteré a través de un DM de Blanca que se estaba preparando una jornada #SinMochilas a iniciativa de la Dra. Eugènia Miranda, traumatóloga, en la que diferentes profesionales de manera coordinada publicarían posts sobre este topic.

Pero claro, yo no soy médico. Y como casi siempre, en este tipo de iniciativas se suele olvidar al sufridor. Por otro lado, tengo dos hijas en edad escolar y una de ellas, Júlia, me produce inquietud no exenta de alarma precisamente por este tema. Así que como ya hice en el post sobre Esporti Revolution, haré el post a medias con ella. El texto de Júlia estará en rojo, el mío en azul.

Cuando voy a buscar a mis hijas para que pasen conmigo el fin de semana, una de las cosas que cargamos en el coche son las mochilas con las tareas escolares. La mochila de Helena (ella es la pequeña) no pesa mucho, pero la de Júlia... Parece que esté cargada de piedras. Alguna vez me he hecho daño al cogerla. Sospecho que gran parte de los problemas de lumbalgia que me han aquejado últimamente son debidos precisamente al peso de la mochila (y tal vez también a que pienso que soy Superman y no cojo debidamente el peso). 


Rodado en Videos y Salud, Bilbao, julio de 2012. Del canal de YouTube de Esther Gorjón (@jesterhanny).

Me preocupa sobremanera que el cuerpo de Julia, que está en crecimiento, se resienta de un peso excesivo y de las posturas inadecuadas al llevar la mochila. Me preocupa que existiendo tecnología (tablets y portátiles) y que el contenido de los libros de texto pudieran ser como mínimo documentos PDF, que se tengan que llevar libros. En su caso, todos los libros. Cada día. 

¿Quién es el culpable? Los recortes. Han hecho mucho daño, tanto que proyectos como EduCAT 1x1 (proyecto de la Generalitat para que los alumnos sustituyeran los libros por netbooks y el contenido en PDF) se cancelaron. Tanto, que no queda ningún rastro en las páginas web de la Generalitat y lo que se encuentran son notas de prensa y alguna información suelta de algunos centros. Es por eso que no puedo poner un link, tal como acostumbro.

La mochila pesa mucho. Me obligan a llevar todos los libros, todos los días, y no dispongo de una lugar para poderlos dejar en el instituto. Mis padres insisten mucho en el peso y que tal vez sería más conveniente una mochila con ruedas tipo trolley. Les digo que mis amigas se reirían. Para mis compañeros de clase, una mochila con ruedas es de niño pequeño. No puede ser. No. Es un tema de imagen. En el instituto no hay nadie, nadie, que lleve trolley; antes preferirían ir con bolsas de plástico. Lo de las tablets y los portátiles estaría bien, pero estarían todos instalando apps y tal y troleando a los profes. El instituto debería preocuparse de bloquear los dispositivos de tal manera que sólo se pudiera acceder al material y webs necesarias para uso de la clase. 

Conclusión
Queda claro que estamos en un endless loop. Tenemos tecnología que no podemos usar porque no hay recursos por parte de la Administración. Tenemos los perjuicios de los adolescentes. Tenemos que en muchos centros educativos el alumno no dispone de taquillas para poder mover entre su casa y el centro sólo el material estrictamente necesario. Y no quiero hablar del cómo llevan la mochila.

Parece insoluble, ¿verdad?  

Incluyo al pie del post una bibliografía para quien quiera buscar más información al respecto. También os comparto un vídeo del Hospital Materno-Infantil Sant Joan de Déu, "¿Cómo deben llevar los niños correctamente la mochila para evitar dolores de espalda?".


Bibliografía

Digital health and healthcare organisation strategy: four views, one vision.

Article posted on: August 15th, 2016 in the HIMSS Europe blog. Revised August 30th, 2016. Reposted with permission of HIMSS Europe.

The role of healthcare CIOs has been changing in recent years.

Initially they were a sole system’s Kerberos that was refractory to any kind of innovation, with a mindset limited to solve administrative, financial tasks.

Now, they have a more global mindset, watching over the whole organisation, and have taken on the role of the CEO’s right hand man. They are switching the focus of IT systems and services from being cost centers to being profit centers. They are conscious that their work impacts the way care is delivered and how patients / customers perceive quality of service.

But the challenges are increasing: the next step is ensuring that IT-related activities fit healthcare organisation strategy. It is key that these activities are fully aligned with the strategy defined by top management.

How can this be done?

Aligning IT with the organisation’s strategy
Let me introduce the concept of the balanced scorecard. The balanced scorecard is a way to align the entire organisation to the strategy and also to measure their performance. First described by Robert S. Kaplan and David P. Norton in the article, “The balanced scorecard – Measures that drive performance”, in the Harvard Business Review January-February 1992 issue. It was seen as revolutionary back then, because they were the first to say “what you measure is what you get”.

The balanced scorecard is defined as a set of measurements that give top management a fast, but comprehensive view of the business. And Kaplan and Norton point out that the operational measures drive financial performance.

Let me adapt it for a classical healthcare CIO role.

Courtesy of Costaisa Group ®

For them, a balanced scorecard offers a view on performance from four different perspectives: Production & Innovation, People, Customers & Patients and Financial. The healthcare CIO needs to focus on getting the best performance in each one of these areas.

Let me step into the shoes of a healthcare CIO for a moment.

Production & Innovation 
In this area we could identify for example EPRs, telemedicine and fully integrated tele-monitoring systems. We should work to avoid isolated information silos and we should be focused not only on recording data correctly but also on how to extract knowledge from this data, too. 

Initiatives such as programs to improve delivery of service to e-patients, practice communities to empower GPs, and data mining systems that could deep dive into our data repositories (big data), or perhaps programs to explore local patient behaviour in social networks that can be filtered for our community. 

This could also include, all the activities related to innovation and the different approaches to it, and could even consider searching “put-to-market” scenarios. 

People 
Our healthcare professionals. Our most valuable asset. We should empower them by promoting a culture of collaboration, across departments, with the aim to share knowledge. We should unlock the incredible power of corporate social networks. 

We could improve the visibility of our healthcare professionals helping them to build strong digital identities, through professional networks like LinkedIn, social networks like Facebook and Twitter, even supporting them in the creation of a strong professional blog ecosystem. 

It’s the best way to involve our healthcare professionals; without them, its impossible to avoid failure. 

Customers & patients 
We should improve the communication channels between patients and the healthcare organisation. And that means all channels. Social networks is a crucial part of this. 

A strategy of starting conversations via social networks is a necessary first step. Every citizen should be able to ask us using the communication channel they prefer and need to be answered in a very short time. The use of apps, mobile devices, and even the possibility to ask our professional’s anonymous questions should be considered. 

Financial 
Who pays the party? Because It’s necessary to know how to finance it. Donations? Corporate responsibility? Government funds? Advertising? 

The only limit is our imagination. 

Footnote 
CIOs should be prepared to play a determinant role in their healthcare organizations. They have got a well-trained mind. They are able to deploy paperless scenarios (and not only at a clinical level, trust me). They have got entire healthcare processes in their heads. The consequence should be better delivering of care, along with a better and more collaborative way to deliver it. 

Having a CIO’s unique view of the whole healthcare organization is the key for success. 

This is one of topics to be discussed at the new HIMSS Europe World of Health IT (WoHIT) Conference & Exhibition which will be taking place on 21–22 November 2016 in Barcelona, Spain (www.worldofhealthit.org).

Cocinando una conferencia inaugural.

Al inicio de mi exposición. Foto cortesía de Mónica López (@mo1ni1ca1)
Decíamos ayer... Hace ya demasiado tiempo que no escribía nada en este espacio, así que hoy he decidido volver a la carga.

Han pasado muchas cosas en este año y pico que he estado "out", algunas explicables y otras no tanto, pero no es el objetivo de la entrada de hoy.

El día 1 de junio, mientras estaba comiendo con un amigo y compañero de batallas, recibí una llamada de un teléfono móvil que no tenía registrado. Temiendo encontrarme con el/la inevitable vendedor de telefonía móvil o de seguros, me puse al habla. Al otro lado, una voz de mujer. Me costó reconocerla. Era Marisa Merino. Médico, gestor, investigadora, líder del proyecto europeo Carewell. Inteligente y brillante a partes iguales. La conocí en una cena de EuskoSanidad Digital -el equivalente en Euskadi del mítico grupo de Whatsapp de Health20BCN-, la tenía sentada justo enfrente. Alguien difícil de olvidar. Volviendo al hilo de la cuestión, me contó que quién debía dar la conferencia inaugural había excusado su presencia en el Congreso Europeo de Salud Digital y me propuso que la hiciera yo. Dudé solo un milisegundo. Acepté.

Tras colgar, pensé "y ahora de qué hablo", porque a todo esto, tenía escasos 15 días para preparar la conferencia. No era una ponencia más. Y tenía que ser un punto más que un TED. Marisa estaba volando, así que llamé un poco más tarde. La pregunta que me hizo fue "bueno, y a todo esto, ¿qué nos vas a contar?". Ella estaba con Mónica López, mi gran valedora. Le expliqué someramente lo que tenía en mente. Ofrecí enviarle una propuesta de guión. Le encantó.

El siguiente paso es reclutar un equipo. Para mí, preparar una conferencia significa trabajo en equipo. Dado que iba a representar desde un punto de vista institucional a la compañía para la que trabajo, pedí a Francisco Araújo, el MarCom de Costaisa, que me asignara un diseñador gráfico. También me dio un valioso consejo: una conferencia inaugural debe ser disruptiva. Debo añadir que Costaisa me dio total libertad para que hablara de lo que quisiera, sin ningún tipo de corsé ni exigencia, cosa que agradezco profundamente.

Por otro lado tenía al equipo EHROS, formado entre otros por Inma Roig y el Dr. Damián Gallegos. Ellos me ayudaron a pulir algunos aspectos del guión y a la búsqueda de referencias bibliográficas. Especial mención a Inma por su apoyo y visión.

También necesitaba un punto de vista externo. Que pudiera tener, por independiente, una visión crítica del discurso, alguien que fuera capaz de ponerme en crisis. La elección recayó en la Dra. Eugènia Miranda, de la Xarxa Santa Tecla. No puedo estar más satisfecho de su aportación. No se limitó a revisar el speech: hizo más. Gran parte del éxito de la conferencia -lo digo públicamente- se lo debo a ella. Marcó la diferencia. No se puede imaginar lo agradecido que estoy a sus sugerencias, a su apoyo y sobre todo, a su visión fresca y diferente de la jugada.

Crear una buena conferencia es como practicar buen sexo: poco a poco se tiene que acariciar la imaginación de la audiencia, hasta lograr llevarla hasta el clímax.

Preparé un guión con cinco ideas directrices -al más puro estilo TED- muy disruptivo, buscando el equilibrio entre el leitmotiv del congreso con el toque humano.

¿El resto? Sensaciones personales, sobre todo. Los ensayos "ad nauseam". La presión de que dar una conferencia inaugural crea hasta cierto punto el marco de referencia de las siguientes intervenciones. El temblor de mis manos mientras hablaba. Algunos "lapsus mentis". A pesar de todo, tras 51 minutos, el auditorio aplaudió. Lo mejor, las felicitaciones generalizadas, empezando por la propia Marisa. Como siempre, soy mi peor crítico. Hay cosas que debo mejorar.

¿Cuándo me podréis ver? Tan pronto esté disponible el video, en el próximo post...

Para amenizar la espera, aquí tenéis el fantástico resumen de sketchnotes realizado por Mónica López.


¡Paciencia!

De ratones y certificaciones.

Entro en LinkedIn y veo una actualización del status de un amigo. Ahora es asesor de una compañía desconocida. Busco la empresa y aparentemente es un portal que mantiene una historia clínica en modalidad ASP. No hay referencias, poca información y cláusulas un tanto abusivas. Para acabarlo de arreglar, en las condiciones de privacidad mencionan a Google AdWords. ¡Apaga y vámonos!

Anoto mentalmente que nunca iré a consulta con ningún médico ni centro que tenga esta HCI. No me merecen confianza. No me la merece ningún centro que no respete la normativa vigente, por mucha excelencia clínica que me vendan.

Este es el desencadenante de esta reflexión.

Todos, más o menos, en diferentes foros, hemos manifestado nuestra preocupación por la avalancha de apps de salud. Y todos en algún momento, hemos manifestado nuestro convencimiento de la necesidad de la regulación, acreditación, certificación u homologación de las mismas.

Pero nunca, ninguno -con la honrosa excepción de Julio Mayol- ha planteado la necesidad de certificar u homologar el sistema de información sanitario que se implanta en una consulta, en un centro sanitario, en un hospital... en una Comunidad Autónoma.

¿Y por qué? Se supone que con el cumplimiento de la normativa reguladora básica debiera ser suficiente. LOPD y autonomía del paciente, entre otras. ¿Exigimos un certificado que acredite que es cierto lo que manifiesta el proveedor? De hecho, fuera de la presentación de normas ISO, y cumplimiento de estándares como CMMI, en España pocas veces se exige. Aparte del pequeñísimo detalle que no existe una autoridad de certificación como tal ni una normativa que detalle los mínimos exigibles para un sistema de información sanitario.

En otros países es diferente. En Estados Unidos o México, por poner dos ejemplos, existe una normativa donde detalla qué requisitos debe cumplir una HCI, cuáles son los planes de prueba que debe pasar para poder homologarla y cuáles son los organismos que pueden expedir el certificado.

¿Y cuál es el riesgo y el porqué de este post? Porque aunque las grandes organizaciones sanitarias a priori disponen de equipos humanos de Sistemas que se encargan de verificar la veracidad de las afirmaciones de cada uno de los vendors, existe un nicho de mercado, el de las consultas privadas, que casi siempre por desconocimiento, pueden llegar a usar sistemas que no cumplirían la legislación tanto de protección de datos como la relativa a Sanidad.

Así pues, la definición de los tiempos de respuesta a incidentes (SLA), qué pasa si me quiero ir de tu HCI a otro HCI, costes de mantenimiento y qué incluyen, quién es el responsable de los datos, las medidas de seguridad, el documento de seguridad, los cambios evolutivos obligados por legislación a cargo de quién van, entro otras, tienen que ser las preguntas que deberían poder contestar cualquier empresa proveedora, así como, si es modalidad ASP, dónde residen los datos, entre otros. Y si es cloud, dónde está situado dicho cloud y si está homologado por las autoridades de protección de datos.

Un detalle: a día de la publicación de este post, el único proveedor de cloud que está expresamente autorizado por la Agencia Española de Protección de Datos es Microsoft con su plataforma Azure, quedando expresamente recogida en la resolución los "datos especialmente protegidos".

Para que nos hagamos una idea, la actividad sanitaria privada, según datos publicados en marzo de 2015 por la Fundación IDIS, supone el 28% de la asistencia sanitaria de nuestro país.

Garantizar la seguridad de los datos de los ciudadanos que libremente escogen la medicina privada debería ser también una prioridad.

Probando Esporti Revolution.

El 19 de octubre, en el contexto de la Jornada de Videos y Salud que se celebró en Barcelona, conocí a María Ángeles Medina y a Manuel Escobar. Ya los seguía por redes sociales y apenas empezaba la andadura de una app destinada a la prevención de la obesidad infantil, Esporti Revolution. Recuerdo de aquel día -un día muy difícil para mí- que me pidieron que les aportara en un clip de video un mensaje destinado a prevención y fomento de hábitos saludables, como a otros muchos de los asistentes. 

Aunque mis hijas no son especialmente sujeto de esta app -las dos están delgadas-, tras leer posts sobre la app en algunos blogs de Pediatría (El médico de mi hijo, Neuronas en crecimientoPediatría basada en pruebas y Diario de una mamá pediatra, entre otros), pensé que -por qué no- hacer también una reseña, pero muy diferente: involucrando a los usuarios, a niños; en este caso a mis hijas.

La experiencia me enseña que siempre hay que tener la opinión del usuario final, las niñas. También mi opinión es importante, por mi doble vertiente de padre y "responsable de sistemas" familiar.

Este es un post escrito a seis manos, las de mis hijas y las mías. Lo que ellas han dicho ha sido transcrito "as is", con el único tamiz de la corrección gramatical. No creo que a estas alturas del partido tenga que presentarme, pero sí quiero hacer una breve presentación de mis chicas.

Júlia, la mayor, tiene 12 años. Dispone de ordenador portátil, tablet, y desde hace relativamente poco, smartphone. Apunta maneras de crack en el uso de dispositivos digitales y creedme si os digo que cada vez tengo que esforzarme más en seguirla. Su curiosidad no tiene límites. Su rendimiento escolar es sencillamente excepcional. Está acostumbrada -he tenido algo que ver en ello- a preguntar de modo directo, porque sabe que siempre encontrará respuestas directas y razonadas. El texto de Júlia está marcado en rojo.

Helena, la pequeña, está a dos meses de los 10 años. Tiene un uso y riqueza de lenguaje que supera a la media de los niños de su edad. Apunta maneras de hacker: con 7 años fue capaz de reventar la protección de bloqueo facial de mi Samsung Galaxy SIII. ¿Cómo? Mostrando a la cámara frontal una de mis fotos. Práctica, directa, pero al mismo tiempo muy sensible. Lectora empedernida. Muy inteligente. Su rendimiento escolar es muy bueno. El texto de Helena está marcado en azul.

Si me permitís, yo también daré mi opinión como padre. Mi texto, en granate.

La versión de la app que hemos probado es la básica.

Helena: La app me gusta, pero creo que tendrían que poner algún tipo de mapa y que hubieran varias gotitas y que cada una fuera un nivel.  Creo que los trofeos podrían ser más divertidos, por ejemplo si he subido escaleras, que hubiera un avatar con un muñeco que sube las escaleras. Creo que sí, que podría recomendar esta aplicación a mis amigos.

Júlia: La app me gusta. Encuentro que debería existir algún tipo de modo que cuando hagas ejercicio, si llevas el teléfono encima o de alguna manera que se pueda entrar directamente los pasos y el movimiento, y que te ponga la puntuación. Sobre Esporti Bits: hay preguntas que los niños no las saben, como la del atleta del maratón descalzo. Creo que las preguntas deberían ser adecuadas a la edad del niño. También creo que debería haber diferentes niveles y así sería adecuado para todas las edades. Esto afectaría también al área de clasificación, en la que se debería agrupar por nivel. Otra cosa es que sólo puedo entrar dos actividades al día, cuando hay días que practico deporte en la escuela y luego en el club de atletismo: carreras, jabalina, salto de longitud, pelotas medicinales, tablas de gimnasia... Además, se debería ampliar la lista de actividades, creo que hay muy poquitas: algunas de las que hago no están.

Recomendaré la app a mis compañeros del club de atletismo.

Rafa: La instalación se hizo en dos dispositivos Android 4.4 y 4.1 (teléfono y tablet) sin presentar ninguna dificultad. En el momento del registro no quise que las niñas supieran la contraseña, así que puse una de las mías, de las complicadas. Problema: cuando sales de la aplicación y vuelves a entrar te la vuelve a pedir. Creo que sería interesante que la app recordase la contraseña. Otra mejora sería la de que en alguna parte, dentro de la app, estuvieran reflejadas las condiciones de uso y dónde se almacena la información de los menores. El proceso de establecer un vínculo de amistad entre las niñas me pareció adecuado. Debo decir que cuando la instalé, Helena necesitó un poco de ayuda para empezar a usarla. Tal vez algunos iconos deberían ser un poco más grandes y con mayor contraste de color; por ejemplo, en el buscador de actividad, es una lupa de color verde sobre una gota azul que no es demasiado grande. Una vez superados estos problemas, me costó desengancharlas

Más cosas que he visto: en Esporti Bits puede que el nivel de las preguntas sean para un adulto más que para un  niño. También creo que sería bueno la integración con algún wearable "self quantifying" -por ejemplo FitBit- para facilitar la entrada de la actividad por una parte, y para obligarle a hacer ejercicio por otra. Tal cual está puede que haya menores que falseen la entrada de actividad para tener una puntuación superior... La culpa es de la gamificación, el "palabro". Cabe decir que la integración con wearables -no indica en la web con cuáles- está disponible en las versiones de pago.

Como padre, me parece una app adecuada al uso al que está destinada y totalmente recomendable.

ConclusiónEs una app con un buen diseño, bien pensada, con un grado de usabilidad destacable, y que en su estado actual cumple con los objetivos para los que fue diseñada. ¿Mejoras? Todo es memorable, sin duda. En este caso los cimientos son excelentes.

Para más información, nada mejor que la página web de Esporti Revolution.

Un muy buen trabajo de Mª Ángeles y Manuel... ¡Felicidades, chic@s!

La entrevista que no fue.

Estudio donde se graba el programa @Mossegalapoma.
A principios de diciembre, mientras estaba a punto de embarcar por segunda vez a México, recibí un correo de Across Health, en nombre de Campus Sanofi, en la que se pedía mi colaboración para contestar unas preguntas sobre el futuro de la e-salud en 2015.

Marqué el mail como favorito para contestarlo cuando pudiera y... bien, estar en otro país es muy absorbente. La realidad es que respondí un mes más tarde.

Desde Across Health me contestaron amablemente diciéndome que el artículo donde debían constar estas preguntas ya había sido publicado.

Dado que en mi opinión las preguntas eran muy interesantes, no os voy a privar de mis respuestas.

En color rojo encontraréis las preguntas y en color negro mis respuestas.

Enjoy it! 

  • ¿Qué cambios cree que tendrá la salud digital en 2015? ¿Cree que veremos algo nuevo o tendencias en términos de…? 
  • Historia Clínica electrónica 
  • En estos momentos estamos en un período de transición, en el que las historias clínicas electrónicas se están empezando a conectar con repositorios regionales y nacionales -incluso internacionales- 
  • Se está empezando a ver un tímido uso de los Personal Health Record 
  • En algunos casos se está evolucionando al registro clínico apoyado en el uso de thesaurus  
  • Tenemos que ver la progresiva integración de los sistemas de telemedicina   
  • La eclosión de las apps de salud de segunda generación: son totalmente autónomas, pero también son capaces de estar integradas en un sistema de información convencional para permitir una mayor comunicación bidireccional médico paciente. 
  • E-Receta 
  • Hasta donde yo sé, con un grado de avance variable, ya está implantada dentro del SNS. El siguiente paso es la interoperabilidad entre CCAA primero, internacional después. En el momento que la eReceta catalana me permita recoger mis medicamentos en una oficina de farmacia de Castellón -por poner un ejemplo- será señal de que andaremos progresando en la buena dirección. 
  • Apps y wearables (para la práctica clínica y/o para monitorización de la salud) 
  • De las apps pienso que... hay demasiadas. Me explico. Si miramos las App Store de iOS o Android, tendremos decenas de miles de apps etiquetadas como de salud, cuando la realidad es que muchas son de wellness / wellbeing. También existen las apps "magufo", las que dicen hacer cosas que en realidad sólo existen en la calenturienta mente del desarrollador. Y después quedan las genuinas, las que realmente lo son y están acreditadas de alguna manera como tales... ¿Cómo diferenciar? ¿Cómo puede un endocrino "prescribir" una app para diabetes si es posible que existan 20 apps diferentes para esta patología? ¿Cuál es el criterio de elección? ¿Acabaremos teniendo apps en guía, como tenemos actualmente fármacos en guía? Para mí la mejor app de salud es la que pueda ser prescrita y pueda estar integrada en el sistema de información que use el médico. Y si encima se adapta al estilo de vida del paciente, facilitándole la entrada de información -incluso entrando la información por él- mejor. El axioma es que la tecnología que funciona es la que no se nota. Si se nota es que tiene algún problema de concepción o diseño.
  • En cuanto a los wearables... si hablamos de los que están disponibles comercialmente, tienen dos problemas: el primero la duración de batería entre cargas. El segundo la precisión. Mi pregunta es: ¿realmente nos aportan información significativa? Tal vez para deportistas -especialmente runners- puede que sí. Para el resto no lo tengo tan claro. Además está el problema de la adherencia al uso de los mismos. Si son para uso clínico, por muy wearables que sean ya pasan a la consideración de medical devices... Aún así y todo, no veo a corto plazo una explosión en este campo. Mención aparte merecen los wearables que permiten el "self quantifying". Para estos veo un futuro prometedor, aunque encajan más con wellness / wellbeing que con salud. 
  • Uso de tecnología por parte de profesionales sanitarios (desde uso en su práctica clínica hasta prescripción de enlaces y apps). Creo que en los últimos años ha habido un grado considerable de avance. Pero no nos engañemos. Si bien es cierto que la mayoría de profesionales sanitarios ya dispone de smartphones, es una minoría la que le saca "jugo" para actividad asistencial. En los clínicos más jóvenes y en ciertas especialidades -como puede ser Pediatría- creo que hay un uso mayor de la tecnología, llamémosle app, llamémosle nuevas formas de relación con el paciente (Whatsapp / email) o prescripción de apps y webs. 
  • Uso de tecnología por parte de pacientes para monitorización y/o autocuidado Estamos avanzando en este aspecto, es cierto, incluso en segmentos de población que a priori nos pudieran parecer refractarios como pudieran ser los adultos mayores. En algunos pilotajes de telemedicina para crónicos el grado de adherencia de los pacientes de edad avanzada al sistema suele ser elevada. ¿Por qué? Porque tienen feedback de los resultados. Se sienten mejor controlados, por tanto más seguros y esto impacta positivamente en sus actividades de la vida diaria. La consecuencia es que no hay que invertir tantos recursos en ellos
  • Algún otro elemento de la salud digital que desee destacar. Hablaría del "palabro" de moda, del Big Data. El problema es que si no tenemos el software adecuado que nos encuentre pautas y correlaciones en el marasmo de datos, que a su vez nos permitan formular preguntas concretas, poco provecho le sacaremos. También hablaría de otro término de moda, las redes sociales en combinación con Big Data. Todo esto está muy bien, pero no nos equivoquemos: en estos momentos los datos no nos están dejando ver el conocimiento.
¿Más preguntas?

Reflexiones sobre seguridad en la consulta.

Este post, como éste otro, se origina en una de las sesiones de chat del grupo de Whatsapp de Health2.0 BCN.

En esta ocasión, el día 1 de enero, más o menos a las 15:00h de la tarde, se inicia una discusión sobre el uso de Whatsapp y del mail como herramientas de atención a distancia y... bueno, aquí nace este post. 

Ya en este espacio hablé de Whatsapp, de Telegram, y del venerable pero no menos eficaz teléfono

Las conclusiones eran claras. Pero la realidad es tozuda, y si tenemos una app que encontraremos instalada sin excepción en cualquier smartphone de este país esta es Whatsapp. No es la mejor, lo sabemos. Sucede lo mismo que pasó en su momento en la guerra de formatos de video doméstico entre VHS y Betamax. Betamax era superior en todos los aspectos, salvo en uno: el público compraba VHS porque la mayoría de sus amigos tenían VHS y se podían intercambiar las cintas. Ganó el formato VHS.

Así que levante la mano quién teniendo un amigo médico no haya tirado de Whatsapp ni médico que no haya contestado alguna consulta por el mismo canal. Esto da una idea de la utilidad que supone para la población el acceso a servicios sanitarios mediante mensajería instantánea.

Otra cosa es la seguridad: desde que fue comprado por Facebook en febrero de 2014, muchas son las voces que han pedido dejar de usar esta app, por las sospechas de que mensajes de personas de relevancia pública podrían ser filtrados a través de Facebook a la NSA. Después de haber rastreado si había alguna referencia a este asunto -incluso he llegado a consultar WikiLeaks- no he encontrado ninguna mención, ni de pasada. No obstante, grandes compañías alemanas han prohibido el uso de Whatsapp a sus empleados en sus terminales móviles de empresa; para algunas de ellas es falta grave y motivo de despido directo. Me contaban de una de estas empresas, laboratorio farmacéutico, que la prohibición alcanzaba a los visitadores médicos, y que para mantener el contacto con "sus" médicos, en algunos casos hacían uso de sus dispositivos personales... equipados con Whatsapp.

Así que, "con la iglesia hemos topado, amigo Sancho"... ¿Y ahora qué?

A la espera de que alguna administración pública sea consciente de este problema y dé con alguna solución (me consta que en Andalucía ya se está haciendo algo al respecto), os voy a dar un par de consejos -en forma de app- que incrementarán la seguridad de vuestras comunicaciones con vuestros pacientes.

La primera de ellas es PrivateMSG, app gratuita para Android e iOS, de origen español y de funcionamiento muy simple. El receptor y el emisor deben compartir una contraseña, la misma para los dos. Se introduce el texto a cifrar, devuelve un texto cifrado, se copia dicho texto y se pega en Whatsapp. Nuestro receptor deberá hacer lo mismo. Puede parecer tosco, pero es eficaz y mantiene la posibilidad de seguir comunicándose usando Whatsapp. También se pueden cifrar y descifrar mensajes a través de la web. Por supuesto, se puede usar en cualquier otro tipo de mensajería, como pueda ser Facebook Messenger o Skype.

La segunda es quizás la más sorprendente de todas. Se trata de ChatSecure, una app open source, también es gratuita, y es interoperable con protocolos XMPP / Jabber, como los usados por Facebook Messenger y Google Talk / Google Hangouts. Es posible utilizar servidores públicos XMPP, servidores propios -si los tenemos- e incluso puede utilizar Tor, más conocida por ser "el Internet profundo". A todos los efectos se comporta como un cliente de chat normal, con la diferencia de que en cualquier momento podemos cifrar la conversación, e incluso hacer que se borre al abandonarla.

El hecho de que pueda funcionar sobre Hangouts la hace muy interesante; todos los usuarios de Android tienen cuenta Google, así como un buen número de usuarios de iOS, así que desde el punto de vista de capilaridad, puede que esté muy cerca de las cifras de Whatsapp. Recordar que el mercado de smartphones en España está repartido en una proporción 80:20 a favor de Android, aproximadamente.

Personalmente me gusta más ChatSecure; yo lo tengo instalado usando mi cuenta de Google Talk y funciona muy bien.

En cuanto al mail, son legión los que usan Gmail para dar este tipo de soporte. Pero este servicio tiene un problema: al usarlo en su forma gratuita, el contenido de los mails es leído por bots (para el funcionamiento de Google AdSense), con lo que no cumpliría el requisito de secreto de comunicaciones en primer lugar, y secreto médico-paciente en segundo. 

La solución es sencilla: contratad el servicio de pago, Google Apps, que es muy económico -el coste anual no es muy alto- con lo que no tendréis bots. Un dato: el Departament d'Ensenyament de la Generalitat de Catalunya migró ya hace unos años TODO su servicio de correo corporativo (xcat.cat) a Google Apps. Es una muestra de la solidez y seguridad de la versión de pago de Gmail.

Si estáis en una organización, usad una cuenta de correo corporativa. En cuanto al paciente, no podemos evitar que use su dirección actual, con lo que si no ciframos los mensajes poco podremos hacer al respecto. Bueno sería el uso de certificados digitales en ambos extremos.

Resuelto el tema técnico viene el tema legal. Da lo mismo si es mensajería instantánea o email, pero para ambos casos las recomendaciones son muy parecidas:
  1. Si trabajamos en una organización sanitaria, debemos tener la autorización del responsable de seguridad de la misma. Él (o ella) será el encargado de mantener el documento de seguridad de la organización, al que obliga la Ley de Protección de Datos. Si trabajas por tu cuenta en tu consulta privada, tú eres el responsable. En este link encontrarás la Guía de Seguridad que te ayudará a crear y mantener dicho documento.
  2. Deberás hacer firmar un consentimiento informado de protección de datos. Recuerda que estás manejando datos de nivel de protección alto, y en este caso el Reglamento de la LOPD indica explícitamente que el paciente debe firmar dicho consentimiento. No hay excepción. No sirve el cartel informativo para el caso de grabación continua de video en circuito cerrado.
  3. Por tu seguridad y comodidad, deberás dar unas instrucciones de uso del servicio muy claras.
  4. Deberás tener identificado el número de teléfono o dirección de mail desde el que te puedan hacer consultas.
  5. Recuerda las limitaciones legales, colegiales y éticas del servicio que prestas. Usar un servicio en el que TODO queda por escrito en ambos lados requiere que sea gestionado de la manera más escrupulosa posible.
A partir de aquí será más fácil hacer normal lo que ya es normal a nivel de calle.

¿Preguntas?