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¿Internet de las cosas? No, ¡Internet del cuerpo!

Leonardo da Vinci, 1511-1513
Entrada publicada originalmente en inglés en el blog de HIMSS Europe como "Internet of things? No, Internet of the body!" el 30/11/2016. Publicado con permiso de HIMSS Europe.

Érase una vez... 

Esta es la manera clásica de empezar un cuento infantil: dejadme explicar una historia real.

Érase una vez una doctora llamada María Ángeles Medina (Twitter: @magelesmedina); era médico de familia y emprendedora. Era runner. Su marido, también médico, le regaló un pulsómetro de una marca muy conocida, para ayudarle a monitorizar su ritmo cardíaco mientras estaba corriendo. Notó que las lecturas de ritmo cardíaco eran muy elevadas cuando corría, así que pensó que el wearable tenía un problema de precisión en las lecturas. Pero al cabo de 8 meses de lecturas irregulares, decidió ponerse un dispositivo médico para poder comparar las lecturas con las del wearable. Cuando los dos dispositivos mostraron las mismas lectura de ritmo cardíaco, investigó más y descubrió que tenía la Enfermedad de Barlow, un defecto de la válvula mitral. Su condición fue calificada como severa, pero no irreversible. Se sometió a una cirugía de tres horas a corazón abierto para reemplazar la válvula mitral, y ahora, afortunadamente, se siente muy bien.

El pulsómetro salvó su vida, pero sólo porque ella tuvo los conocimientos médicos y experiencia para reconocer que algo iba mal, y tuvo los recursos necesarios para profundizar en su problema. ¿Qué hubiera pasado en este cuento si la protagonista no hubiera tenido conocimientos médicos? Lo más probable, un final triste: muerte súbita mientras corría. 

Habemus wearables. 

Más allá del hecho de que cualquiera que practique un deporte debería pasar una revisión por parte de un médico especialista en medicina deportiva al menos una vez al año, la realidad es que muy pocos pasan por esta clase de controles. Mucha gente practica deporte (sobre todo, running) sin consejo adecuado ni supervisión médica

Además, cada vez es más fácil encontrar personas que llevan wearables de diferentes marcas, que miden diferentes parámetros, o incluso parámetros comunes medidos por diferentes dispositivos y guardados en apps diferentes. Algunas apps se pueden conectar a plataformas como Microsoft Health, Google Fit o Salud de Apple (por mencionar unas cuantas), pero existen otras apps que no son capaces de conectarse a estas plataformas. 

De hecho, ya tenemos la posibilidad de adquirir un montón de datos sobre nuestros cuerpos, de diferentes orígenes (incluso fragmentados) y con un grado variable de precisión. Si recordáis mi último post, "¿Big data o un lío de datos?", parece que estamos hablando de nuevo sobre big data, y la necesidad de usar ontologías también en nuestros datos personales de salud y bienestar.  

Internet del cuerpo. 

Nuestros wearables son dispositivos IoT (Internet de las cosas). Así pues, para diferenciarlos de dispositivos que no son de uso para salud, podríamos llamar a este subconjunto de dispositivos IoT "Internet del cuerpo" (IoB); dichos dispositivos han sido diseñados para llevarlos en nuestro cuerpo (interna o externamente) para medir diferentes parámetros de bienestar y salud, incluyendo los de actividad sexual.

Así pues, ¿qué pasaría si los datos generados por los dispositivos IoB se pudieran organizar a través de un framework común como conocimiento, pudiendo ser tratados por un sistema cognitive computing?

Por ejemplo, imaginemos a un paciente con arritmia, hipertensión y una pérdida de peso de 3 Kg. o más en las últimas 48 horas. Sería un claro candidato a un incidente cardiovascular en las siguientes horas, ¿verdad?

Como decíamos antes, estos datos pueden venir fácilmente de tres dispositivos diferentes, y sin su adecuada consolidación y el uso de cognitive computing, el resultado pudiera ser un problema de salud grave, incluida la muerte. 

Un buen sistema cognitive computing podría alertar al portador de los wearables para que buscara ayuda médica e incluso lanzar una alerta a los equipos de emergencias médicas más adecuados, de tal modo que se puedan tomar las medidas necesarias para evitar el final trágico descrito en el párrafo anterior.

Finalmente... 

Evitar problemas de salud severos y salvar vidas deben ser el principal objetivo si queremos crear una arquitectura de wearables enlazada con sistemas cognitive computing.

Una vez más, lo que necesitamos son datos organizados como conocimiento.

Otra vez, vemos la necesidad del uso de las ontologías en el sector salud.

P.D.: Quiero agradecer a la Dra. Medina su permiso para poder explicar su historia, ha sido de gran ayuda.

Smartphones: sí, también son wearables.

Creo que todos ya hemos oído hablar de los wearables. Para los que prefieren el palabro en castellano, llevables o ponibles.

Los hay de todas clases, formas y funciones, como ya mostré en este post.

Para el usuario medio, al que este tema no le deja de llamar la atención, el gasto de una cifra que oscilará fácilmente entre los 100 y 200€ para un dispositivo que prácticamente cada noche tendrá que poner a cargar, que no funciona si no está el smartphone, y que al final, si no se halla una utilidad percibida -las personas que cuidan su forma física en gimnasios o practicando running lo apreciarán- los acabarán arrinconando por falta de adherencia.

La pregunta es: ¿no sería posible tener algún tipo de dispositivo que nos cuente pasos, kilómetros, pisos subidos... sin tener otro gadget? ¿Sin tener que gastar más dinero?

Pues sí, es posible: con nuestro smartphone.

Rebobinemos: dispongo para uso en la Unión Europea de un iPhone 6, y en Latinoamérica de un Moto G 2014.

En el iPhone a partir de iOS8 viene instalada la app Salud. Para el Moto G me he bajado Google Fit. A efectos de lo que voy a mostrar, la app Salud y Google Fit tienen un comportamiento parecido. En ambos casos, para que funcionen correctamente, hay que introducir como mínimo talla, peso, sexo y edad.

Tanto Salud como Google Fit funcionan en segundo plano, cuantificando desde el momento que el smartphone se pone en marcha, por lo que es posible llevar un control del ejercicio sin prácticamente darnos cuenta. Por supuesto, ambas apps se pueden integrar con wearables al uso. 

También hay otras aplicaciones, como RunKeeper, que son capaces de trabajar automáticamente en segundo plano (si se dispone de iPhone 5S o iPhone 6, dado que aprovecha características de los coprocesadores M7 y M8 de Apple).

Visto esto, el sábado 18 de abril decidí hacer una prueba: me puse unos tejanos, el iPhone6 en el bolsillo delantero izquierdo y el Moto G en el bolsillo delantero derecho. Como me gusta caminar, anduve el trayecto que muestro a continuación:


Este es el recorrido que recogió el Historial de Ubicaciones de Google.

De acuerdo con la traza, 3.9Km de ida y 3.9Km de vuelta.  

Las capturas se realizaron el sábado por la tarde tras finalizar el paseo. Estos son los resultados:

App Salud.

Google Fit.
Google Fit.


La app Salud da una información bastante completa, como se puede comprobar. La diferencia de pasos entre Google Fit y Salud es debida a que el dispositivo Android lo puse en marcha para la prueba, mientras que el iPhone ya andaba dando tumbos por casa. En cuanto a Google Fit, tal vez no da tanta información, pero cumple también su cometido.

Para los más acérrimos defensores de los wearables, faltarán cosas como los movimientos cuando dormimos o bien el pulso. Se puede criticar también que si hacemos running dónde situamos el smartphone (respuesta: en el brazo, que ya nos sirve de soporte para que conjuntamente con auriculares se pueda escuchar música). Este post no es para ellos... ;-)

Para el común de los mortales, el uso de estas apps puede ser una manera low-cost de medir el ejercicio sin tener que comprar ningún gadget.

Tareas escolares a distancia.

9 de diciembre de 2014. Lugar, México Distrito Federal. Recibo una foto por Whatsapp de mi hija Júlia. La foto corresponde al puente del violoncello de mi hija pequeña, Helena. Está roto. En la foto se ve como parte de la tapa también lo está. Júlia me pide ayuda. Estoy a 10.000 kilómetros de distancia... 

Mi ex contacta conmigo también por el mismo tema y por la misma vía 5 minutos más tarde. Me pide el teléfono y la dirección del luthier, ya que habitualmente soy yo quien lo lleva a reparar. Se lo doy. Esa misma semana el cello estaba de nuevo a punto.

Esto, que a priori pudiera parecer ciencia-ficción, es parte de mi día a día como padre que vive a distancia de sus hijas.

¿Cómo lo hacemos? Voy a intentar explicarlo.

Desde el punto de vista legal está recogido en el pacto de parentalidad el derecho a poder contactar con nuestras hijas si no están con nosotros "no importa el método usado" ni tampoco el momento del día.

Habitualmente usamos el teléfono para comunicarnos, pero cuando se trata de una comunicación algo más elaborada usamos otras vías de contacto.

Por ejemplo, mi hija pequeña creó un grupo de Hangouts -"Los cuatro mosqueteros"- en el que estamos las niñas, mi ex y yo, con lo cual vía chat o videoconferencia múltiple podemos hablar y resolver los temas que nos afectan a todos.

Otro ejemplo es que cuando estoy en Latinoamérica, usamos Skype o Hangouts para hablar. En su casa disponen de un SmartTV LG con Skype, lo que nos permite contactar mediante videollamada; además, cada niña dispone de Hangouts en su tablet, y Júlia en su móvil dispone de Hangouts y Whatsapp. En función del momento del día y de dónde estén las niñas utilizamos la vía más adecuada.

El seguimiento de las tareas escolares es un poco más complejo: quién suele pedir orientación es Júlia. Habitualmente me pregunta si estoy disponible por Whatsapp, y si le contesto afirmativamente iniciamos una videoconferencia Hangouts. 

Si de acuerdo con lo que me explica no acabo de ver el contexto del ejercicio, le puedo pedir que me escanee y me envíe por mail la hoja u hojas que correspondan. Para ello disponemos de una impresora multifunción HP Photosmart 5520C -una en casa de mi ex y otra en mi casa, exactamente iguales- , y en cada uno de los dispositivos móviles del grupo familiar están instaladas las apps HP ePrint y HP AIO Remote (*), que permiten el control del equipo multifunción -impresión, scanner, copia- desde Android o iOS. Si lo que tiene que enviar no es muy grande, hace una foto directamente de la hoja y me la hace llegar. 

En el caso de que esté de viaje y la diferencia horaria lo permita -con México son 7 horas de diferencia- puedo utilizar tanto el teléfono de viaje -un Moto G 2014 Dual SIM con SIM de datos mexicana- como el ordenador portátil profesional -un equipo ejecutado con fibra de carbono y magnesio que supera la norma MIL-STD-810- aunque también cabe decir que en algún caso la comunicación ha sido asíncrona, ya que sólo puedo atender a las niñas de manera continuada cuando me hallo en el hotel.

Las niñas disponen de un ordenador portátil cada una. En los dos portátiles está instalado TeamViewer, al igual que en mis ordenadores personal y profesional, en el iPhone y en el Moto G, y también en mi iPad. El resultado es que ante un incidente informático puedo tomar el control a distancia y ayudarlas, esté donde esté.

Puede parecer un esquema de comunicaciones complejo, pero la realidad es que nuestro sistema multidispositivo y multitecnología se ha revelado particularmente eficaz; la redundancia en cuanto a vías de comunicación ha sido clave en bastantes ocasiones. Las niñas han podido contactar conmigo cuando lo han necesitado, y yo con ellas cada día.

Y eso es lo que realmente importa.

(*) NOTA: para que estas apps de HP funcionen correctamente, los dispositivos móviles y la impresora DEBEN estar conectados a la misma red WiFi. Es importante observar que por peculiaridades del sistema AirPrint de iOS, puede que hayan routers WiFI que no encaminen correctamente las tareas de impresión hacia el dispositivo multifunción. El servicio responsable de la impresión en dispositivos iOS es el Bonjour de Apple. En este caso, la solución es instalar un punto de acceso WiFi específico para ello. Me he encontrado con problemas con los routers ADSL Huawei de Vodafone y con los routers de fibra Technicolor de Jazztel. En mi caso puse un punto de acceso WiFi Linksys WAP 54G para solucionarlo. Tengo los dispositivos móviles (iOS y Android) y la impresora conectados a la WiFi del Linksys; los ordenadores portátiles los tengo conectados a la WiFi del Technicolor. La conexión entre el Technicolor y el Linksys se hace vía cable Ethernet.

El equipo Linksys requirió configurar su dirección IP, máscara, DNS y gateway para que estuvieran en el mismo rango de las otorgadas por el servidor DHCP del Technicolor. Las dos WiFi están en el mismo rango de direcciones y la única diferencia entre ellas son los canales de salida y el SSID. Un consejo: si no entiendes lo que estoy explicando no intentes hacerlo tú. Busca ayuda. Te ahorrarás quebraderos de cabeza.

El smartphone de mi hija.

Llevo días leyendo tanto en prensa como en algún blog diferentes noticias y reflexiones sobre smartphones y (pre)-adolescentes. Así, sin ir más lejos, en pocos días en "El País" han aparecido los artículos "El 38% de los niños menores de dos años usa el ‘smartphone'" y "La edad del pavo, en digital".

Dado que la mayoría de padres y madres del país pueden estar encuadrados -muy a su pesar- en el capítulo de tecnoescépticos / tecnopesimistas, y que por circunstancias personales, Júlia dispone desde el mes de septiembre de un smartphone -mi venerable y querido Samsung Galaxy Mini- y que mañana dispondrá de un equipo más potente y capaz, he querido compartir con vosotros unas cuantas reflexiones sobre lo que implica un smartphone en manos de un menor y cómo tener un control efectivo sobre el mismo.

En mi caso, Júlia tiene 12 años y este año ha iniciado el instituto. Esto ya da una idea de que ya hay ciertos desplazamientos que paulatinamente pasará de hacerlos acompañada a hacerlos sola.

Por otro lado, el entorno. Todos sus compañeros ya disponen de smartphone. Ella era la única que no disponía del gadget.

Para acabar, mi situación personal. Divorciado, mi ex-mujer estaría encuadrada dentro de la categoría tecno-refractaria. Existe un acuerdo tácito entre nosotros de que yo me haga cargo de la protección remota de las niñas y de su entorno. Para aderezarlo un poco más, en el último mes he estado tres semanas en México y la previsión es que la pauta de viajes se mantenga en la misma proporción 3:1 en los próximos meses.

Dicho todo esto, empezaremos por el principio: no es un problema de tecnología, sino de educación y diálogo. A la niña hay que darle unas pautas de uso bien claras, le gusten o no le gusten, y hay que ser inflexibles en su aplicación. No debería recordaros que por muy preadolescentes que sean, el uso -o mal uso- que hagan del terminal móvil es responsabilidad nuestra, de los padres. Se lo tenéis que dejar bien claro.

También hay que ser flexible. No podemos mostrarnos excesivamente controladores. No debemos prohibir, sí debemos acompañar. Tiene que existir diálogo entre los niños y nosotros, bien entendido que no somos sus colegas, sino sus padres. Si señalamos un comportamiento inadecuado o prohibimos cualquier cosa, debemos razonar. Debemos ganar con inteligencia. Recordad que están en una fase de afirmación de personalidad, y que si antes eran niños pero no tontos, ahora ya son adultos jóvenes en construcción, que están continuamente buscando redefinir los límites que les marcamos. El "porque lo digo yo" no funciona. Son preadolescentes y sé que para muchas cosas es muy complicado discutir según qué, pero vale la pena el esfuerzo, no sea que más adelante lo tengamos que lamentar.

Si establecemos medidas de vigilancia y control, ellos las tienen que conocer. Hay que tranquilizarlos sobre el objetivo del control y que será automatizado, que sólo actuaréis en caso de existir una alerta.

En mi caso el enfoque de conversación instructiva y diálogo, más el conocimiento de las medidas de control y el por qué de las mismas ha evitado un par de sustos. Es en serio.

Segundo paso, elección del terminal: no quisiera ser más papista que el Papa, pero deberíamos optar siempre por terminales de gama media o baja. Al principio no lo van a cuidar mucho, se les caerá, lo decorarán con stickers, dibujarán en la carcasa cualquier cosa con rotuladores de tinta indeleble... Hacedme caso, no le compréis un iPhone. Sufriréis mucho. Os recomiendo que como terminal inicial, que uséis uno antiguo que ya no uséis -y que funcione-, preferentemente Android, como mínimo con Android 4.x.

Júlia dispone actualmente de un Samsung Galaxy Mini de 2011 y el día 6 recibirá un Moto G (2013) de 16Gb. El cambio de terminal obedece a las necesidades de comunicación entre las niñas y yo cuando estoy "allende los mares". El Galaxy Mini ya no soporta Skype, y ha hecho que me decante por una máquina mucho más moderna y capaz. El nuevo dispositivo mueve Android con una soltura que ya la quisieran muchos terminales de gama alta, y su relación precio-calidad es excepcional: un Snapdragon de 4 núcleos y 4,5" con pantalla Gorilla Glass por 159€.

Tercer paso, asegurar el terminal: no se trata de contratar un seguro, sino de establecer la configuración segura más óptima para el uso de vuestro hijo. En el caso de Júlia, las medidas de protección son:
  1. Júlia no conoce las contraseñas de acceso a Gmail.
  2. Júlia tiene habilitada la protección por edad de Google Play. ¿Cómo? Desde la app, ir a Ajustes, Filtro de contenido. Ajustar el nivel de filtraje a la edad de nuestra hija, pedirá un PIN -que por supuesto el niño no debe conocer- con lo que las apps con contenido inapropiado a priori no podrían ser descargadas por el menor.
  3. Júlia tiene habilitada la ubicación. Es más por tranquilidad de su madre y mía -vamos, es psicológico- que no por la niña. En caso de necesidad, me permitiría saber desde otro móvil o un ordenador los movimientos de Júlia y su móvil sobre un mapa.
  4. Júlia tiene instalado el Android Device Manager. Esta app nos permitirá el borrado remoto, la recuperación del móvil en caso de extravío o la localización de la niña. Es una ampliación de los ajustes de ubicación.
  5. Júlia tiene instalado el Norton Family como app de control parental. Protege a la niña de acceder a webs con contenido inadecuado, y en caso de probar el acceso, los padres reciben un mail notificando el evento. Yo tengo las prestaciones básicas -gratuitas- activadas.
  6. Júlia sabe que si le pido el terminal para examinarlo, me lo debe entregar sin dilación. No hay discusión posible.
  7. Júlia sabe que dentro del instituto tiene prohibido poner en marcha el terminal. El primer día que tuvo el terminal, cometió el error de encenderlo, y lo descubrí: estuvo semanas con el terminal incautado, porque había faltado a la confianza que habíamos depositado en ella. Tras este período, se le devolvió. No ha vuelto a caer en la tentación...
  8. Las facturas las paga Júlia. Sí, habéis leído bien. El coste del contrato de su línea -es un tipo de contrato que si no hay consumo, no paga nada- lo asume íntegramente ella. La línea la tiene con Simyo.
Uso que le ha dado en este tiempo: La aplicación que más ha usado, sin duda, ha sido Whatsapp. Del examen de su móvil se deduce que usan los grupos para intercambiar información sobre asignaturas concretas, aunque también hay algunos que son más lúdicos. Para quién se rasgue las vestiduras, le recuerdo que hay bastantes niños que ya disponen de tablet y que usan Hangouts exactamente con el mismo fin. Y al fin y al cabo las reglas de uso no son tan diferentes. Lo que sí es importante es la inspección periódica del contenido de los chats, así como del tráfico de correo electrónico. Veréis que en el caso del mail, prácticamente no lo usan.

También ha usado hangouts para la corrección de sus tareas escolares a distancia, cosa que ha resultado particularmente eficaz.

Conclusión: Como veis, he hablado más de crianza que no de tecnología. Habilitar al menor en el uso de smartphones implica acompañarlo para que descubra sus innegables ventajas pero para ser muy instructivo en cuanto a los riesgos.

Acompañándolos a ellos en su transformación, nos transformamos a nosotros mismos.

Máquinas virtuales: ejecutando Android en nuestro PC.

Tras el post anterior, daremos una vuelta de tuerca más: ejecutaremos Android en nuestro PC, pero esta vez, usaremos dos enfoques diferentes: máquina virtual o emulador.

Emulador.
Empezaremos por el emulador. Es un programa que ya tiene autocontenido Android en su interior y que no permite añadir ninguna virtualización más y que no necesita de parametrización adicional. Como ya dije en su momento, voy a hablar de BlueStacks.

Iremos a su web, nos descargaremos la aplicación y la instalaremos. Cuando la ejecutemos, después de esperar unos segundos, nos aparecerá una pantalla cuya configuración es diferente a la que nos tiene acostumbrados Android. Iremos en primer lugar a configurar la cuenta de Google, yendo al botón que está en la barra inferior, a la derecha de la aplicación, y allí ajustaremos la cuenta y el idioma.

Para volver a Home, click en la barra inferior, parte central. Volver hacia atrás, click en la flecha izquierda de la barra inferior izquierda. Menú, click en el botón de la derecha de la flecha izquierda, en barra inferior izquierda.

Para instalar una app, en el Home, parte superior, hay un botón con una lupa. Allí podemos buscar la app por el nombre, y nos ofrecerá la posibilidad de descargarla de Google Play, de la tienda de apps de Amazon, o de otra tienda de apps. Y a partir de aquí, se elige la app que queremos y la instalamos. Así de fácil.


Esta imagen es una muestra del home de la instalación BlueStacks que tengo. En las pruebas que he ido realizando sólo me he encontrado con un par de apps que no han funcionado correctamente. El resto sin problemas.

Supongo que os llama la atención de que tenga Whatsapp instalado... necesitáis un número de móvil que o esté vinculado actualmente a una cuenta Whatsapp activa y ya está. Si no tenéis ninguno o el que tenéis ya está vinculado a Whatsapp, podéis crearos uno gratuitamente en FonYou.

Si no queréis complicaros la vida, la opción emulador es la más asequible.

Máquina virtual.
En el caso de que queráis usar máquinas virtuales, de este link os podéis descargar máquinas nativas VirtualBox con Android 4.1.x, en configuraciones de Tablet, Phone, y Tablet & Phone. Debéis ir a "Archivo", "Importar Servicio Virtualizado", buscar con el Finder o el Explorador de archivo el archivo de máquina virtual que os hayáis descargado y ya está.

Recordad que antes de ejecutar la máquina debéis revisar la configuración de red y ajustarla tal como os expliqué en el post anterior. Aquí la imagen para refrescar la memoria.


Si queréis ir un poco más allá y hacerlo desde cero, en este link encontraréis un estupendo tutorial para hacerlo paso a paso.

Have fun!

Máquinas virtuales.

Uno de los problemas a los que nos solemos enfrentar habitualmente es al de ejecución de software en entornos diferentes al que disponemos. Así pues, ya seamos aficionados o profesionales, disponer de la posibilidad de ejecutar un programa Windows en MacOSX o Linux, o una app de móvil Android en un ordenador es algo que a priori puede resultar muy atractivo. 

En la imagen, se pueden observar una máquina virtual Windows XP, un emulador Android ejecutando Whatsapp, una máquina virtual Android Phone y la AppStore de MacOSX. Todo ello en un MacBook Air bajo MacOSX como sistema operativo anfitrión.

Pero, ¿qué es la virtualización y qué ventajas aporta? En la Wikipedia nos lo explican muy bien. 

De todos es conocido que poco a poco me he convertido en un Apple “fanboy” y que a los inevitables iPhone e Ipad, he añadido sendos MacBook Air en la oficina y en casa. Por otro lado hay software que no está disponible en entorno Mac, y como persona curiosa que soy, me gusta probar tanto nuevas soluciones de software como nuevas apps, así que decidí montar un entorno de virtualización para poder ejecutar Windows (en concreto, una versión XP) y otro entorno para ejecutar Android. 

Antes de seguir adelante, cabe recordar que si queréis montar máquinas virtuales con sistemas operativos diferentes al vuestro tenéis que tener una licencia legítima para poderlo hacer; y esto es extensible al software que se ejecute con ese sistema operativo virtualizado. Una vez dicho esto, hay que elegir el software gestor de máquinas virtuales. 

Aunque hay diferentes fabricantes de gestores de virtualización, he preferido elegir un producto Open Source, y entre todos ellos, me he decidido por VirtualBox. De VirtualBox existen versiones para Windows, Linux y MacOSX, por lo que sólo será necesario la versión que se ajuste a nuestro sistema operativo anfitrión. Algo importante a recordar es que este gestor de virtualización permite emular entornos para instalar sistemas operativos siempre que dichos sistemas operativos usen el set de instrucciones X86, es decir, microprocesadores para ordenadores de sobremesa o portátiles. 

En el caso de los sistemas operativos móviles, el set de instrucciones que soportan es ARM, que ES diferente al X86. En el caso de Android el único problema que nos representa es que la versión de Android debe ser X86 (al ser open source y disponer la comunidad de los fuentes, ha habido diferentes grupos que han creado versiones para ejecutar en X86, mientras que en el caso de iOS no existe una versión X86; recordad que iOS es un entorno propietario y cerrado. 

Existen proyectos como QEMU que sí tienen una emulación ARM y que forma parte del SDK de Android; en el SDK de iOS también existe un emulador iOS, pero este emulador sólo se puede ejecutar bajo MacOSX y debéis constar como desarrolladores para tener acceso. 

¿Y máquinas virtuales MacOSX? Violan el acuerdo de licencia de Apple. Cabe la posibilidad que buscando mucho encontréis alguna, pero de versiones de MacOSX antiguas y con muchas dudas sobre su funcionamiento. 

También existen emuladores de Android (máquinas virtuales dedicadas con el sistema operativo autocontenido) que permiten tener el entorno cargado y funcionando sin tener que perder el tiempo en configuraciones. De las que he probado la que más me gusta es BlueStacks, con versiones del emulador Android para Windows y MacOSX. 

En los siguientes posts os explicaré como crear máquinas virtuales desde cero, importar una máquina virtual existente creada con VMWare, y por último, montar y utilizar máquinas virtuales Android. 

Stay tunned!

Pasando de Android a iPhone.

En enero de 2010 pasé de un Nokia N95 a un terminal Android, el HTC Hero, lo que hizo que necesitara pasar contactos y calendario de un terminal a otro; el compendio de las operaciones que tuve que hacer las encontraréis aquí

Ha llovido mucho desde entonces y sucesivamente han ido pasando por mis manos diferentes terminales movidos por Android, enumero por orden de aparición en mi vida:

  1. HTC Hero
  2. LG Optimus Black
  3. LG Optimus 2X
  4. Samsung Galaxy Mini
  5. Samsung Galaxy SIII
Cabe decir que tengo actualmente los dos Samsung, y que el Galaxy SIII ha sido un fiel compañero de viaje y satisfacciones hasta que desde hace diez días empezó a dar problemas en forma de contínuos cuelgues y reinicios, que me han obligado a pasar dos veces por el Servicio Samsung Express y probablemente vuelva a hacerlo porque el teléfono ya no es lo que era, una máquina fiable.

Antes de dar cualquier paso, probé a usar durante unos días el Galaxy Mini, mi teléfono de viajes intercontinentales, pero pasar del SIII al Mini es como pasar de un Ferrari a un coche movido por un motor de 50cc... Y cuando vi que la recuperación del Galaxy SIII sería larga (insisto, no es operativo y va a volver al SAT), tuve que tomar una decisión.

Por un lado podía seguir con Android: la verdad es que estoy satisfecho con la experiencia, aunque también es cierto que había cosas que no me acababan de encajar, por ejemplo la política de actualizaciones del SO de los diferentes fabricantes.

Por otro lado, el iPhone: como usuario satisfecho de un iPad 3, la curva de aprendizaje no se me antojaba complicada y quizás el mayor atractivo es la calidad legendaria del servicio postventa de Apple, de la cual tenía referencia directa por parte de gente muy cercana a mí.

No tuve en consideración ni Windows Phone ni Blackberry.

Al final lo que pesa son las elecciones del entorno más cercano: mi hermano, dos primos míos, mi jefe y  una de mis mejores amigas son poseedores satisfechos de iPhone; es más, mi amiga tiene un iPhone 5 y sólo hacía que hablarme maravillas de él, así que aprovechando una oferta de una compañía de móviles,  el pasado jueves me hice con un iPhone 5 blanco de 16 Gb.

Como en el caso del paso de Nokia a Android, aquí también tenía que pasar contactos y calendarios.

Tras unas cuantas búsquedas en Internet y con el know-how adquirido con el iPad, he conseguido pasar los contactos y calendario de la siguiente manera:
  1. Ajustes
  2. Correo, contactos, calendario
  3. Añadir cuenta
  4. GMail
  5. Introduce tu nombre
  6. Introduce tu cuenta de correo
  7. Introduce tu contraseña
  8. Introduce una descripción. En este caso si no introduces nada te aparecerá "GMail".
  9. Con esto ya tendrás sincronizado el correo y Google Calendar.
Ahora vamos por los contactos.
  1. Ajustes
  2. Correo, contactos, calendario
  3. Añadir cuenta
  4. Otras
  5. Añadir cuenta CardDAV
  6. En servidor introduce google.com
  7. En usuario introduce tu cuenta de correo GMail.
  8. En Contraseña introduce tu password.
  9. Introduce una descripción. Si no introduces nada, por defecto aparecerá Google.
  10. En ajustes avanzados no deberías entrar. No obstante, los valores que deberían haber en este punto son Usar SSL y puerto 443.
  11. Con esto ya tendremos sincronizados también los contactos.
Para quienes como yo, que ya tenía ID de Apple y que pensaba que las aplicaciones de mi iPad se cargarían automáticamente en el iPhone, hay que hacer algún paso adicional. Os lo explico:
  1. Desde el iPhone, ve a la AppStore
  2. Vete a la opción Actualizar
  3. Compras
  4. Aparecen un par de botones, "Todo" y "No en este iPhone"
  5. Las aplicaciones del iPad no instaladas aparecen listadas con un botón de una nube (iCloud) a la derecha. Si las queremos bajar para nuestro iPhone, tan sólo debemos pulsar encima.
En cuanto a las fotos, hay varias opciones. Al partir de un dispositivo Android, me pareció más oportuno usar Dropbox, y de hecho tengo configurado el iPhone como tenía el SIII, en el que las fotos tomadas que no estaban subidas a Dropbox se subían automáticamente al conectar con una WiFi. 

Por si hacéis la pregunta, descarté iCloud desde el inicio. 

Tengo que decir que como cliente de correo uso GMail para iOS y como navegador Chrome, por considerar en el primer caso que es mucho más intuitivo que el cliente Apple y en el segundo porque es más rápido que Safari.

¿Diferencias entre uno y otro? Sutiles, pero las hay. Desde el punto de vista de máquina, el iPhone es rapidísimo en su interacción con el usuario, mucho más que cualquier Android que haya visto hasta ahora. La duración de la batería también es claramente superior en el iPhone versus Galaxy SIII. En cambio, en cuanto a opciones de configuración es superior Android; en el mundo iOS, sólo se pueden hacer las cosas como las han pensado en Cupertino. Si hablamos del Galaxy SIII, el tamaño de la pantalla es un must. 

Las apps: en general las versiones de iOS tienen más opciones que su contrapartida Android, aunque cada vez menos: por ejemplo en Whatsapp iOS puedes borrar un mensaje aislado, mientras que en Android tienes que borrar todo el chat; o Spotify, que en la versión de Android tiene un ecualizador y en iOS no. Cabe decir que a igualdad de app, se ejecutan más rápidamente en iOS que no en Android, aunque también puede ser que parezcan más rápidas por la inmediatez de la interacciones del usuario.

Estoy muy satisfecho del cambio y aunque sigo pensando que Android es mejor teléfono que iPhone (al igual que pienso que iPad es mejor tableta que Android), para mí lo que ha inclinado la balanza es la calidad del servicio post-venta de Apple.

¿Y vosotros, lector@s, qué opináis? 

Aventuras y desventuras de un papá informático en Perú.

En la segunda mitad de enero me tuve que desplazar por motivos profesionales a Perú; no puedo explicar mucho de lo que estuve haciendo por allí porque estoy sujeto a secreto, aunque si puedo decir que he aprendido mucho.

Pero hablar de mis actividades profesionales no es el foco de este post, sino explicar mi experiencia como padre de dos niñas de 9 y 7 años que quiere mantener el contacto con ellas a 6 husos horarios y 14.000 Km de distancia de ellas.

Unas semanas antes de partir estuve informándome de las condiciones de seguridad, estado de las telecomunicaciones y otros detalles que, aunque puedan parecer nimios, para mi eran de suma importancia.

La información que conseguí apuntaba a que existían redes GSM / 3G maduras, al menos en las grandes ciudades, y que las condiciones de seguridad -mejor dicho, inseguridad- aconsejaban que dejara mi LG Optimus 2X en España y que fuera con un teléfono GSM básico, un Siemens M55 libre del año 2006, con una SIM prepago, en este caso, de Orange y con la tarifa Mundo.

Puesto al habla con Orange a través de su teléfono de contacto 470, pedí información sobre si era posible llamar a España a un precio razonable con una tarjeta prepago y la respuesta fue afirmativa.

-"¿Seguro?" -pregunté.
-"Sí, sí." -me contestaron con entusiasmo.

Así que partí hacia Lima, vía París, con un terminal básico y una tarjeta prepago. Desde el aeropuerto Charles de Gaulle de París pude llamar a mis hijas, pero cuando aterricé en el aeropuerto de Lima, 11 horas después, no pude hacer ni una sola llamada más, teniendo suficiente saldo para hacerlo -más de 20€-, como pude comprobar más tarde vía web en el hotel.

Match point para Orange.

Tuve que activar el plan de contingencia A, que consistía en adquirir una SIM prepago de un operador móvil peruano y sustituir la SIM de Orange por la peruana.

Pregunté a mis colegas peruanos, y me explicaron que las operadores móviles dominantes en Perú eran Movistar y Claro; me recomendaron vivamente Claro, básicamente por el poco importante detalle de que las tarifas de Movistar Perú eran 3 veces más caras que las de Claro.

Pedí que al salir de la clínica me llevaran a un distribuidor de Claro, yendo a parar a la tienda que Claro tiene en el Ripley de la Avenida de Canadá, y allí pedí una SIM prepago, expliqué para qué la necesitaba y me dijeron que sí, que podría llamar a España a buen precio.

-"¿Seguro?" -pregunté, enarcando mis cejas.
-"Sí, sí." -me contestaron con entusiasmo.

Así que cargué el equivalente a 30€ de saldo, y me dispuse a realizar a la mañana siguiente, mediodía en España, la primera de las llamadas.

Como se puede comprobar, me asignaron una SIM con la Tarifa Juerga... :P

Las conversaciones con mis hijas suelen ser cortas, de entre 3 y 5 minutos diarios, pues ellas muchas veces no tienen grandes cosas que explicar y yo tampoco... es ahora que empezamos a hablar más tiempo.

El caso es que sólo pude realizar dos llamadas, a la tercera me dijo que ya no tenía saldo. Extrañado, acudí a un grifo -una gasolinera, en argot del Perú- y cargué el equivalente a 30€ más... con el mismo resultado: apenas 6 minutos de conversación y se acabó el saldo. 

Volví de nuevo al grifo, hice una nueva recarga de 30€, pero esta vez lo que tenía en mente era diferente.

Plan de contingencia B: VoIP, usar Skype a través de Internet Móvil para hacer llamadas a precio reducido, pero para ello me debía comprar un smartphone que tuviera soporte de Skype, y para mí la elección era clara: un smartphone Android, sistema operativo que conozco muy bien. 

Debo decir que la cobertura de datos en Perú es excelente y que en las grandes ciudades hay despliegue de 4G; yendo hacia los Andes, encontré que había una buena cobertura 2G/3G.

Acudí de nuevo a la tienda Claro de Ripley, pregunté por paquetes de datos prepago pero me dijeron que no existían, no obstante, el precio por mega, me aseguraron, era muy barato.

-"¿Seguro?" -pregunté, enarcando mis cejas aún más.
-"Sí, sí." -me contestaron con el mismo entusiasmo.

Los precios de smartphone en aquella tienda eran prohibitivos, por decirlo de una manera amable.

Ahora bien, ¿dónde encontrar un smartphone Android libre a un precio razonable? De nuevo pregunté a mis colegas, y la respuesta fue Polvos Rosados; así que fuimos hacia allí, y dentro de las múltiples tiendas que encontré de telefonía, encontré un Samsung Galaxy Mini, libre, de color blanco, y tras regatear un poco, conseguí el móvil, funda de silicona y protector de pantalla por un poco menos de 160€ al cambio.

Más contento que unas castañuelas, me dirigí de nuevo al hotel y cuando llegué a la habitación, me dispuse a descargar Skype -un paquete que pesa unos 8Mb- a través de 3G, pero no llegó a descargar ni el 70% del paquete, acabando el saldo... ¡Inaudito! No había hecho ni una sola llamada.

Plan de contingencia C: fiarme de mi instinto. Me fui a la web de Claro, donde claramente indicaban la existencia de un plan de datos prepago, y que lo podría contratar... con saldo, porque no se podía cargar a tarjeta de crédito o débito.

El plan elegido.

Acabé de descargar Skype a través de la wifi de la planta baja del hotel -el estado de las comunicaciones de este hotel merece no un post, sino mucho más, por lo deplorable- y la siguiente llamada ya la pude hacer por Skype, pero seguía con mi objetivo de conseguir el plan prepago; fui de nuevo al grifo, volví a cargar saldo, y esta vez sí, ya pude hacer llamadas vía Skype, e incluso, a través de una llamada Viber sobre 3G, sostener una conversación de 20 minutos con mi querida amiga Montse Carrasco en el día de su cumpleaños.

El paquete era de 700 Mb, y el día antes de partir, mi consumo había sido de...

Mi consumo de datos tras una semana de uso de Skype, Viber, Whatsapp, Twitter y Facebook.

Cuando vuelva a Perú, ya sé que debo cargar saldo en mi número de móvil peruano y contratar el paquete de datos prepago por la web; sé que aunque hay inseguridad, puedo llevar un smartphone, siempre y cuando controle que no en todas partes puedo usarlo, ni tampoco hacer ostentación del mismo.

Ahora ya sólo me tendré que preocupar de explicar a mis hijas, como hice en enero, que mientras yo desayunaba, ellas comían, y que cuando yo comía, a ellas les leían un cuento antes de dormir; que para mí era verano mientras ellas estaban en invierno y que cuando miraba al cielo por la noche, las estrellas eran diferentes; que existen peces que se llaman borrachitos y pintadillas; y sobre todo, lo mucho que las eché de menos.

Ahora ya sólo me tendré que preocupar de traerles otro par de ponchos de alpaca.

¡Papá, quiero una Blackberry!

Esto es lo que me dijo mi hija de 9 años hace unas dos semanas. 

Le pregunté porqué necesitaba una Blackberry. Me respondió que una niña de su clase llevaba una a escondidas. Le dije que tendría un smartphone cuando ella pudiera pagarse su consumo de voz y datos, pero que mientras tanto, no lo necesitaba.

Añadí que llegado el caso, no hablaríamos de Blackberry, sino de iPhone o Android...

Esta conversación que tuve con Júlia estoy seguro que se repite, de una manera u otra, en muchos hogares españoles con menores pre-adolescentes o adolescentes.

Siguiendo con el hilo del Programa de Protección de Princesas, nos enfrentamos con un reto nuevo: dispositivos que se pueden llevar en el bolsillo o en el bolso, con conexión a Internet, con apps de redes sociales, cámaras de fotos, email, navegador de Internet... ¿cómo protegerles?

Esto es lo que escribí ayer por la noche, en el que mi estado de ánimo era que "hay un síntoma, tenemos que empezar a estudiar la respuesta: sin prisa pero sin pausa"; esta mañana el síntoma ha pasado a estado de emergencia.

Esta mañana me llamaba mi ex-pareja, alarmada, porque en el teléfono de mi ex-suegro, un Nokia 5800, se habían recibido unos SMS premium de una empresa en los que se iban a cargar una cantidad inferior a 10€ en el recibo del teléfono, al mismo tiempo que otro SMS, éste de Orange, advirtiendo que se había contratado un servicio Premium.

Tras unas preguntas en las que dejé claro que estos SMS Premium habían llegado porque alguien había hecho alguna acción y no había sido casualidad, mi ex-pareja interroga a mi ex-suegro y él afirma que no hizo nada... al final descubren que fue mi hija mayor: aprovechando un descuido de mis suegros, cogió el móvil, usó la navegación por Internet, llegó hasta una página de juegos, le pidieron el número de móvil, aceptó la inscripción... y el resto os lo podéis fácilmente imaginar.

He contactado con Orange para el bloqueo del acceso a todos los servicios Premium, y me han dado también la opción de establecer una contraseña, privada entre Orange y yo, para que nadie tenga la tentación de hacerse pasar por mí y levantar el bloqueo. Desconozco si los otros operadores móviles españoles tienen un programa similar de protección adicional por contraseña para evitar suplantaciones.

Por otro lado, ya he comunicado a mi ex-pareja que deben tener los móviles bloqueados y siempre controlados.

Después del "susto", comprenderéis fácilmente que esté hipermotivado para cerrar el círculo de la protección de mis hijas.

Bien, pongamos manos a la obra.

Proteger un smartphone o una tablet no es algo que se pueda tomar a la ligera, pues al igual que un ordenador, también tienen sus usos educativos que no podemos despreciar, usos como los que apunta este estupendo artículo, "A Is for App: How Smartphones, Handheld Computers Sparked an Educational Revolution".

Para comenzar, os recomiendo la lectura del "Estudio sobre hábitos seguros en el uso de smartphones por los niños y adolescentes españoles" de noviembre de 2011, realizado por INTECO a través del Observatorio de la Seguridad de la Información y Orange.

Otro tema interesante a tener en cuenta en cuanto al acceso del menor a la telefonía móvil es el tiempo de exposición a la radiofrecuencia generada por el mismo, y es que aunque no existe una evidencia científica clara de los efectos nocivos del uso de teléfonos móviles sobre el cuerpo humano -de hecho, la OMS actualmente equipara el riesgo del uso de un teléfono móvil al de tomar café o respirar los humos generados por el tráfico de automóviles-, en julio de 2011 el gobierno británico, tal como se publicó en NHS Choices en noviembre de 2011, recomendaba que los menores de 16 años sólo deberían usar los móviles para llamadas importantes y por periodos cortos de tiempo.

Vistos los preliminares, describamos los escenarios que contemplaremos en este post.

Los sistemas operativos (SO) dominantes en el mercado español de smartphones son actualmente:
  • Android
  • iOS (iPhone / iPad)
  • Blackberry
Existen otros sistemas operativos presentes pero de uso minoritario como pueden ser Symbian o WindowsPhone / WindowsMobile. De estos no hablaré, básicamente porque en la población "de riesgo" se aprecian mayoritariamente dispositivos de los tres SO mencionados al inicio.

Android
Para Android existen toda una serie de Apps de control parental en Google Play (el antiguo Android Market): para mí la más interesante de todas es MobileMinder, que incluye entre sus prestaciones el uso de GPS para saber dónde esta el menor, el control de las apps de chat, los sitios web que visita, si ha visto porno o bien ha recibido fotos de contenido explícito... y lo mejor de todo es que está bien valorada por los usuarios y es gratis.

iOS
Es el único sistema operativo de móvil que lleva integrado de manera nativa funcionalidades de control parental. En este artículo de Apple se especifica cuál es el alcance de la protección, y en esta discusión de foro, se especifica cómo se activa la protección. 

Probablemente existan Apps que brinden más funcionalidad en la iTunesStore (a las 23:25 del día 16 de marzo, sólo hay 6 apps para iPhone y 6 para iPad que sean compatibles con la búsqueda "Parental control").

Blackberry 
Quizás de los tres SO es el que menos apps y características de control parental tiene; no obstante, existe por ejemplo Mobile Spy o PhoneSheriff.

De PhoneSherif cabe decir que existen versiones también para Android, iOS, Symbian y WindowsPhone.

Conclusión
Hemos hablado en este post y en el anterior de tecnología, pero la mejor protección es que el menor adquiera criterio, y que el uso de estas soluciones se haga de un modo gradual y sin ser excesivamente intervencionista. 

La mejor protección se compone de la razón y el diálogo.


P.D.: Aclaración: puede parecer raro al ser yo un padre divorciado, pero es que las líneas de móvil de mi ex-suegro y de mi ex-pareja siguen a mi nombre. :-)

Aventuras y desventuras con un navegador GPS.

En estos días que estoy de vacaciones, estoy usando y disfrutando de mi HTC Hero de Orange, actualizado de Android 1.5 a Android 2.1 siguiendo estas instrucciones.

El caso es que he usado con éxito las funcionalidades del nuevo teléfono (nuevo porque con el cambio de sistema operativo su comportamiento es diferente), y he aprovechado para cargar aplicaciones como Goggles, el cliente nativo de Twitter para Android, y por supuesto, Google Navigation.

Este navegador me hizo instalar unas extensiones TTS (Text-to-speech) y la verdad es que funciona bastante bien, los mapas los descarga en el momento en que traza la ruta y se establece la sincronización con los satélites GPS (y por tanto, trazad la ruta y esperad la sincronización con cobertura de datos y GPS) y tiene algunas características notables, como el retrazado de ruta inmediato si nos equivocamos de camino, las capas, conmutación automática día / noche... con la ventaja de que los mapas siempre son los últimos, aunque a veces..

El domingo tuve que usar el navegador para calcular una ruta entre El Vendrell y el Santuari del Miracle, situado en el término municipal de Riner, en Lleida... así que busco "Santuari del Miracle" y me devuelve una posición que sí, que podía corresponder a dicho lugar... y me devuelve como nombre "Monestir Santuari del Miracle".

Bien, iniciamos la ruta y cuando parecía que llegábamos al final, el GPS nos hace salir de la carretera por un camino de tierra y nos lleva al montón de estiércol más grande que he visto en mi vida... y el GPS, alborozado, nos anunció de viva voz "Ha llegado a su destino".

Ante nuestro asombro (por no decir algo más fuerte), decidimos dar marcha atrás, y encontramos a un hombre, y por supuesto, le preguntamos... nos preguntó si estábamos usando un GPS, y le dijimos que sí, y nos dijo que no sabía porqué los GPS para este santuario siempre se equivocaban... nos indicó la ruta correcta (una desviación de 8Km de nada) y al final llegamos a nuestro destino.

Me encontré con mi suegro, y él decidió una secuencia de búsqueda diferente ("El miracle, Riner") y en este caso si calculó la ruta correcta.

Aunque él usaba un dispositivo TomTom, el proveedor de mapas de navegación para TomTom y Google Navigator es el mismo, es TeleAtlas...

¿Se ha cometido el mismo error en ambos mapas y no se ha corregido?

Una vez acabado el evento al que asistíamos, calculamos conn Navigator la ruta hasta Tuixént, y lo hizo correctamente, salvo que el Navigation (y por esto lleva la etiqueta de Beta) decidió reiniciar el teléfono a medio camino, en medio de la nada, y suerte que mientras que se reinició no había ninguna bifurcación ni nada por el estilo.

Debo decir que el primer error del Navigation nos ha hecho llorar de risa...

Pero poniéndolo en contexto de servicios de emergencia, donde debería haber una buena fiabilidad de funcionamiento y localización, me genera ciertas dudas el buen funcionamiento de estos dispositivos, los errores que pueden tener los mapas, y en caso de detectarlos, ¿a quién se reportan?...

Y sobre todo, pensando en un escenario futuro de telemedicina, en que los sensores y el equipo de transmisión de datos se llevan encima, y que se buscaría la mobilidad máxima para aumentar la independencia del paciente, es una característica clave la geolocalización del paciente en caso de alarma...

¿Puede ser que en contra de lo que pudiéramos pensar, esta tecnología no esté lo suficientemente madura?

HTC Hero. Una semana después.

Después de algún tiempo "persiguiendo" el terminal, al final los Reyes han tenido a bien el obsequiarme con un teléfono HTC Hero, "movido" por Android.

Uno de los primeros problemas a resolver fue el cómo pasaba toda mi agenda de contactos de mi viejo N95 al nuevo terminal, y dado que Android se sincroniza con los contactos de Gmail, lo que hice fue:
  1. Instalar el Nokia PCSuite
  2. Sincronizarlo con Microsoft Outlook (2003)
  3. Archivo, Importar y Exportar,
  4. Exportar a un archivo, Siguiente
  5. Valores separados por comas (Windows), Siguiente
  6. Elegimos la carpeta a exportar, que en este caso debería ser Contactos, Siguiente
  7. Elegimos lugar de destino y nombre del archivo csv, Siguiente
  8. Click en finalizar
Con esto ya tenemos nuestros contactos en un formato csv.

El siguiente paso es importarlo en los contactos de Gmail, así que:
  1. Entramos en Gmail
  2. Elegimos Contactos
  3. Elegimos Importar
  4. Elegimos Seleccionar archivo
  5. Click en Importar
Y aunque parezca increíble, todos los campos que salen directamente del Outlook aparecen en el sitio que toca en los contactos de Gmail.

Para importar las citas del calendario del N95, tenemos que realizar la sincronización con Outlook y la exportación del modo que hemos explicado anteriormente, con la salvedad de que la carpeta a elegir es la de Calendario y importación se tiene que hacer desde Google Calendar del siguiente modo:
  1. Entrar en Google Calendar
  2. En el marco de la izquierda, en Mis Calendarios, Configuración
  3. Importar Calendario
  4. Archivo, Examinar
  5. Elegir la cuenta de Google que usaremos en el móvil
  6. Click en Importar
Y con esto ya tendremos nuestras citas importadas.

Ahora toca lidiar con el móvil... al ponerlo en marcha nos pide cuenta de Gmail y contraseña, y también cuentas y contraseñas para Twitter, Facebook y Flickr.

Una vez hecho esto, empezará a sincronizar contactos y calendario, y además nos advertirá de los tweets que haya en nuestro timeline.

El manejo es sencillo, tan sólo he necesitado leer alguna parte del manual para los caracteres acentuados, para activar Street View, y para Copy & Paste.

Una de las primeras cosas que he hecho es ampliar la memoria disponible SD... de origen viene con una SD de 2GB, y la he sustituido por una SDHC de 8GB, para lo cual:
  1. Ir a "Todos los programas" (parte inferior del escritorio, botón de la izquierda)
  2. Ajustes
  3. Almacenamiento
  4. Desmontar tarjeta SD
  5. Apagar el teléfono
  6. Abrir la carcasa
  7. Extraer la tarjeta
  8. Insertarla en un PC, y en una carpeta vacía, copiar TODO el contenido de la tarjeta
  9. Extraer la tarjeta de 2Gb e insertar la SDHC de 8Gb... con el formateo por defecto (FAT32) debería funcionar... no se os ocurra formatear en modo NTFS.
  10. Copiar el contenido de la carpeta en la tarjeta de 8Gb.
  11. Extraer la tarjeta e insertarla en el teléfono
  12. Cerrar la carcasa y poner en marcha el teléfono.
Para probar que todo ha ido bien, podéis acceder a Álbumes, y deberíais poder acceder a las fotos que tiene por defecto la tarjeta original.

En otro orden de cosas, una de las que me sorprende más es la duración de batería... con una media de 30 minutos de conversación móvil, actualización Twitter cada 10 minutos (con Seesmic), consulta de Gmail, Bluetooth (para manos libres "de oreja") todo el día en marcha, unas 3 horas de WiFi y chats esporádicos y Facebook, dura del orden de 18 horas...

He hecho pruebas con Spotify Android y en modo 3g, en zonas con cobertura complicada, se come literalmente la batería, pero usándolo en un área WiFi el consumo de batería es mucho menor... y destacar el sonido claro y preciso que entregan los auriculares suministrados junto con el terminal.

La cámara de fotos no está mal, pero después de haber probado la del N95 con su óptica Carl Zeiss, queda claro que en este aspecto he salido perdiendo con el cambio.

Destacar la velocidad de sincronización del receptor GPS y su muy buena sensibilidad.

Ayer me preguntaba @soniola: ¿iPhone o Hero?

Mmmm... están a la par...

No encuentro un ganador claro en caso de comparativa.

Y por supuesto, estoy más que encantado con mi teléfono nuevo.